4.8.19

Reunión fotogrupo





Homenaje a Notre-Dame: Aquiles Azar y Tony Fondeur


Por: MARIANNE DE TOLENTINO

La Catedral de París, “Notre-Dame”, tal vez la más famosa iglesia del mundo, ha ejercido y sigue ejerciendo fascinación en millones de visitantes al año, turistas, fieles y peregrinos. Es, para Francia, el símbolo de su historia y la memoria de magnos eventos nacionales, aparte del valor sublime como obra maestra arquitectónica y sitial religioso.
En abril de 2019, llamas voraces, que causaron estupor y lágrimas, le hicieron graves daños. Fue tremendo golpe, no solamente para los franceses, -muchos parisinos hasta sollozaban como si fuera la pérdida de un próximo-, sino para el mundo entero.
Se temía un derrumbe y destrucción total, pero el estudio inmediato de la situación, y sobre todo la valentía de los bomberos y los equipos desplegados, permitieron salvar gran parte del edificio, su interior y sus tesoros.
Se dijo que media hora más de fuego hubiese destruido todo…
Asegurar las partes indemnes del edificio fue la primera y compleja tarea. Luego, la restauración, sin límite de tiempo, será colosal, requiriendo, además de un presupuesto enorme, estudios científicos, materiales estilísticos, y una mano de obra tan cuantiosa como especializada. Días después de la catástrofe, un fotógrafo testigo notaba sorprendido “la extraña serenidad del lugar”…
Notre-Dame y los artistas. Notre-Dame ha motivado a cientos de artistas como fuente de inspiración… Formando parte del conjunto arquitectónico, y de figuras que lo ornamentan, una extraña iconografía de piedra, las anónimas y medievales “gárgolas”, y las “quimeras”, obras decimonónicas del arquitecto restaurador Viollet-le-Duc, han atraído a los investigadores. Conservan, siglos después, su total atractivo, y felizmente el fuego no alcanzó a aquellos engendros sobrenaturales, considerados de antaño como maléficos advertidores de conciencia…
Dibujos y fotografías. En el arte dominicano, el maestro Aquiles Azar y el excelente fotógrafo Tony Fondeur, enamorados de Nuestra Señora de París, se apoderaron, respectivamente, de “gárgolas” y “quimeras”… La Quinta Dominica y la Alianza Francesa habían presentado exitosamente aquella sorprendente conjunción de pasado y presente. El terrible incendio, que causó conmoción hasta a nosotros en Santo Domingo, motivó la nueva presentación.
En la Galería Nacional de Bellas Artes agregaron algunos dibujos de Aquiles Azar y varias impresionantes fotografías de Tony Fondeur. Imágenes de exterior e interior de la catedral, captadas por Tony, incluyen partes que se incendiaron, entre ellas la famosa aguja y apodada “tercera torre” del monumento, ¡la cual se desplomó y se quemó totalmente!
La muestra, exitosa y cautivante, se aprecia todavía más después del dramático incendio, sabiendo que los modelos de ambos artistas e insólitas criaturas han sobrevivido…
Aquiles Azar. No había, pues, un tema más apropiado para Aquiles Azar, autor de un bestiario fabuloso que se multiplicó al compás de los años: así mismo, él había plasmado, a líneas o a pinceladas de particular soltura, una etnia de monstruos, feos y enternecedores. ¡Gárgolas y quimeras de Notre Dame eran, pues, modelos ideales, criaturas ominosas, antropomórficas y zoomórficas al mismo tiempo! Y no dudamos de que, si Aquiles hubiera estado todavía entre nosotros, las llamas agrediendo a Notre Dame le hubieran inspirado otros dibujos… de dolor.
Tony Fondeur. Las efigies de piedra están situadas en primer plano, pero, desde y delante de ellas, París extiende sus techos y su monumentos. Tony Fondeur, con la mirada de agudeza y sensibilidad que le conocemos, llega a ofrecer una visión panorámica de la ciudad, varias tomas aun según ángulo, altura y posición de las diferentes esculturas. Su ojo juega con las proporciones, las distancias, hasta la línea de horizonte y el cielo.
Tony Fondeur presenta además otros ángulos: transepto, vitrales, rincones, fotografías que no solo son primicia, sino perennizan partes incendiadas de la catedral. La calidad del montaje acentúa ese aporte.

tomado de hoy,   3 agosto, 2019

9.6.19

‘Women in Motion’ de fotografía



La fotógrafa estadounidense Susan Meiselas será premiada este verano con el premio “Women in Motion” en la próxima edición de los Encuentros de Fotografía de Arles, en Francia, en reconocimiento a su carrera.
La fotógrafa documentalista, una de las pocas mujeres miembro de la agencia Magnum Photo, recogerá el galardón el 2 de julio en el teatro Antique de Arles, donde ofrecerá un discurso sobre el lugar de las mujeres en el mundo de la fotografía. El reconocimiento, creado por la Fundación Kering (perteneciente al grupo de lujo de Gucci o Saint-Laurent), sigue la estela del premio homónimo del Festival de Cannes, que recae cada año en una actriz o directora de cine de renombre.
En los últimos años, las actrices estadounidenses Susan Sarandon, Geena Davis o Jane Fonda han sido algunas de las premiadas. En su primera edición en Arles, la fundación reconoce la “mirada singular y comprometida con las condiciones de las mujeres” de Meiselas (1948), y recuerda algunos de sus reportajes.
Entre ellos “Prince Street Girls” sobre el día a día de las adolescentes del barrio Little Italy, en Nueva York, o “A Room of Their Own” , una denuncia de los abusos y violencias que sufren las mujeres en el Reino Unido.

tomado de hoy, 8-6-2019

Kelvin Naar, testimonio y arte


Por: MARIANNE DE TOLENTINO

El Centro de la Imagen se impone cada vez más como centro nacional e internacional de la fotografía, con una seriedad que merece respeto y admiración, con un ritmo y una calidad de exposiciones que llegan a asombrar, con actividades crecientes de investigación, talleres, animación, diálogos, un conjunto de “virtudes” incomparable en Santo Domingo, dirigido con competencia y pasión por Mayra Johnson y Carlos Acero.
Una vez que se ha vencido la relativa dificultad para llegar, su ubicación en la Zona Colonial es hasta un elemento memorable de una situación excepcional…
La exposición, “Sincretismo”, de Kelvin Naar, ha sido una muestra cimera en la tradición de selección y curaduría de la institución, muy bien montada y dispuesta en las dos plantas – por cierto otro reto que sabe aprovechar las dificultades del local–.
Una disertación, amena y accesible, de Geo Ripley sobre el sincretismo, permitió, en una sesión especial, que el público se concentrase más en las cualidades intrínsecas de la fotografía, su intensidad e impacto comunicativo.
Kelvin Naar. Cada fotógrafo magistral posee personalidad, temperamento e intereses que identifican su formulación, su “ojo”, en fin su iconografía –que hemos tenido la suerte de recorrer en un magnífico libro de su autoría–.
Ciertamente, Kelvin Naar posee una gran versatilidad, y pasa, con igual soltura, de las composiciones tupidas que abarrotan el espacio, a una organización espacial –geometrizante o barroca– diseñando planos. Dentro de esta pluralidad, él demuestra una predilección por los temas sociológicos, antropológicos y humanistas.
Él capta el individuo, su contexto, circundante y/o singular, siempre comunicando la huella de su origen y clase, a menudo preso de su pobreza, luchando para sobrevivir desde la infancia hasta la senectud –dos períodos de la vida que motivan especialmente al artista–.
El entorno –también angustiante para todo espectador sensible– se adhiere a la “piel”, al cuerpo de los protagonistas: la unidad visual es absoluta. Más aun, ese ámbito, tan simbólico como significativo, de la desgracia –individual y colectiva– en sí mismo expresa a quien lo habita, hasta en su ausencia…
La exposición. Paisaje de las injusticias y las ilusiones, el ceremonial del vudú haitiano sumerge a Kelvin Naar en la vitalidad purificante del agua, en los ritos, los trances, las imprecaciones, el placer, el dolor, el sacrificio. Su iconografía, que él comparte con creyentes y oficiantes, quiere que nosotros también nos impliquemos. Y lo hacemos, la mirada se prolonga, la sensación ineludible brota de la contemplación, la fotografía nos atrapa, insólita y ajena a lo bello convencional.
El proceso artístico y testimonial de Kelvin Naar culmina en una visión afirmativa, sintética, ritual, sagrada, mítica. Con la mayor sinceridad y consideración, él transmite y expresa el acto de fe en su obra, evocación en imágenes de una espiritualidad religiosa compleja, ¡de perennes esperas y esperanzas!
Paralelamente, en la segunda planta, las fotografías presentan el ritual cristiano y la misa católica, la introspección y el éxtasis de los fieles. Son excelentes, aunque las invocaciones sincréticas pueden provocar una mayor emoción por su vehemencia expresiva. Pero cada espectador y observador “cómplice” (man)tendrá su reacción personal.
Finalmente, nos encanta la elección –permanente– del blanco y negro, fundamental todavía en la fotografía, por concentrarnos en la pureza del oficio, en las luces y las sombras, en la composición y las formas que el virtuoso Kelvin Naar rige, espontánea y concientemente.

tomado de hoy , 8-6-2019

6.6.19

Imagofagia


30.5.19

Miriam Calzada


12.5.19

Kelvin Naar, un mundo en blanco y negro



Por: DELIA BLANCO


Kelvin Naar es un fotógrafo que parte de la captación de una composición visual encontrada al azar de su mirada, enfocando la imagen al estilo de un pintor distribuyendo su espacio plástico dentro de la tela y del papel.

Todo, a través de un juego de luces y sombras que se manifiestan en blanco y negro con una relevancia muy precisa de los niveles de luz, ejecutada con mucha sensibilidad técnica y sicológica, lo que garantiza una vitalidad surgida del ambiente y de los cuerpos humanos y arquitecturas de objetos. Es indudablemente y escenarista que sabe convocar en la imagen los elementos visuales dialogantes. Recordamos una frase de Roland Barthes en una de sus clases advirtiendo…. Hay fotografías que superan la escritura, porque abren los secretos del alma…

Pues esto lo habíamos encontrado hace muchos años en los trabajos fotográficos de Pierre Verger a través de sus viajes y exploraciones por los mundos místicos de Africa y Oceanía.

En la exhibición Sincretismo, que Naar presenta en el Centro de la Imagen de la zona colonial, durante todo el mes de mayo, el fotógrafo celebra la convocatoria espiritual del salto de aguas de Saut D’eau, así mismo llamado en Haití y que convoca las celebraciones a la Virgen y a los loas de Haití. Acuden hombres y mujeres, de todas las clases sociales, de todas las generaciones y creencias, en un ritual de purificación de las aguas. El artista recoge en su cámara las expresiones humanas colectivas en individuales, de este baño de sanación que convoca el misterio de todo aquel y aquella que lleva en su interior el dolor, la enfermedad, el pecado y la oración con un recogimiento individual y colectivo.

El artista sabe enfocar la intensidad de expresiones humanas que convierten este escenario en un espacio teatral donde los cuerpos en su línea morfológica se fusionan con la caída de las aguas, para evidenciar en contraste el cono de dos piernas masculinas negras con el cono blanco de la boca del torrente de aguas inmaculadas… brazos, y piernas en el ritmo de las aguas.

En otras fotos de grupos, el gagá viene en primer plano componiendo un grupo humano unido en la rítmica de los tambores y fututos con las perlas del sonido de las aguas, detrás de los cuerpos humanos concentrados en una misma esperanza, la llegada del espíritu.

Es toda una teatralidad ritual, como lo fue la tragedia griega, un escenario de llamado de los mortales a los dioses, estos hacen parte del altar animista de África, y nuestro artista busca la plasticidad de cada situación del ceremonial.

El sincretismo de Naar es un lenguaje plástico y visual que ha encontrado en estos lugares espirituales, como otros fotógrafos lo han encontrado en las aguas del Gango en la India, en las aguas de Sainte Marie de la mer, para las procesiones de los gitanos el día de la Virgen.

Lo importante en esta exhibición es el sincretismo formal del objeto visual con la asociación compositiva del espacio vegetal, con el espacio acuático y con el sujeto humano, en una palabra sacar la plasticidad de los escenarios mágicos religiosos en el momento en que un salpicón, de agua de la sierra se eleva como un encaje y por poco toca el helecho cayendo de la tierra de arcilla. Estamos frente a una obra interpretativa por la asociación de mensajes visuales, pues también ese salpicón de agua puede funcionar en una poética inesperada obrando como el ala de un ángel recogido en su oración sobre las piedras mojadas.

El blanco nos viene del chorro de agua, de su lluvia de melena y del rosario de su energía vital que cada convocado recibe.

El trabajo sobre los cuerpos, ofrecen relieves y topologías de todos los efectos de la luz sobre la morfología humana femenina y masculina, buscando en ellas efectos de relieves donde el claro y el oscuro realzan el goteo, el chorreado, la pigmentación, para hacer con la piel humana una nueva materia cuya belleza se transforma en una comunión del blanco y del negro a través de la transparencia de una mujer enjabonada y entonces captar a través de los surcos, caminos y veredas de su tez negra todo el brillo de la purificación.

Con el negro Naar nos ofrece andamiajes carnales con una búsqueda muy eficiente de las formas. Así es como los cuerpos en sus masas de senos, caderas, vientres generosos y piernas valientes, parecen esculturas en piedra de basalto por el efecto compacto del negro sobre su mapa humano.

El enfoque sobre las expresiones del rostro, del asombro de miradas, de la posesión en el gesto son momentos que Kelvin Naar supo rescatar, en imagen, con delicada prudencia y respeto al llamado y a la llegada del loa.

El sincretismo visual está también muy presente en la relación a los objetos que conforman la celebración y el altar, el muñeco de plástico cuyos brazos y piernas a veces se dislocan, pertenecen a la simbología del mística, tomados en primer o segundo plano, representan una realidad encontrada, que sacada del conjunto ceremonial podrían asociarse a un discurso kitch independiente de su trascendencia ritual.

En las figuras de los muñecos, con ojos cristalinos lejanos, estremecidos entre sogas y trapos, salimos de la realidad geográfica para entrar en un mundo del olvido y del abandono del objeto, pero basta con un collar, para tener la señal del lugar protegido. En la serie de los muñecos, de los güiros y de las velas, identificamos todo el referente antropológico mágico del espacio, a veces con evidencias compartidas tanto en la santería como en el vaudou, así es con las botellas y con la estampas de santos principalmente San Santiago.

Naar demuestra en esta exposición, una alta sensibilidad de entrar en un espacio místico, sin dejarse llevar por la curiosidad de un voyeur… todo viene y llega a la cámara y resuena en el gatillo con la distancia de un artista que sabe ver con elegancia y prudencia. El conjunto de esta serie confirma un profesional que se maneja con duende.


tomado de areito,11-5-2019

24.3.19

Mary Frances Attias inaugura exposición fotográfica

Mary Frances Attías presentará su primera exposición fotográfica individual titulada, “Windows to Down Under”, la cual consiste en una selección de imágenes tomadas por ella en un apasionante viaje a las lejanas y exóticas tierras de Australia y Nueva Zelanda.
En esta primera serie se puede observar una pequeña parte de la exuberante naturaleza que pudo admirar y que la maravilló.
A través de la muestra, la artista invita al espectador a cuestionarse sobre su origen y el del universo, y pretende inspirar a admirar el inigualable valor que estos paisajes naturales aportan al mundo.
La muestra está exhibiéndose en el Museo de Las Casas Reales hasta el 30 de marzo.

tomado de hoy, 23-3-2019

2.3.19

¡Taumaturgia & estética visual del carnaval!


Por: Amable López Meléndez

¡MARIANO HERNANDEZ!
“El dictum fotográfico activa los puntos fuertes de la materia-forma luminosa. El contraste, la mezcla, la identidad memorial que se lee en el “Rostro del tiznao” (1980), “Deja verte el corazón muñecón” (1990), “La reina del fuego” (1993), “Juanpa en la jungla roja” (2012) y “Negro de La Joya” (1996), construyen un universo desde el lente-ojo con valor de fiesta, cuerpo, movimiento y cultura. Este tipo de tratamiento de lo diverso influye y “habla” como obra y espacio en el arte fotográfico de Mariano Hernández, acentuado por los diversos culturemas visuales que conforman la imagen como orden, tiempo, espacio de la luz y el color”… (La aventura fotográfica de Mariano Hernández. Odalis. G. Perez, 2018.)
Escribo su nombre en el buscador de mi PC y de repente la pantalla se ilumina con miles de imágenes de las obras de los grandes artistas dominicanos de ayer y hoy, pues una de las fases más notables de la trayectoria profesional de Mariano Hernández es la que tiene que ver con la reproducción fotográfica de las creaciones de los artistas plásticos y visuales dominicanos, frecuentemente utilizadas por historiadores, instituciones culturales, revistas, periódicos, críticos, curadores, especialistas y artistas con múltiples y distintos propósitos, convirtiéndose en titular absoluto del mayor archivo de imágenes del arte moderno y contemporáneo en Santo Domingo.
Durante las últimas tres décadas, Mariano Hernández se establece como el más consistente fotógrafo del Carnaval Dominicano y como uno de los más destacados investigadores y cronistas visuales de los carnavales del Caribe. Esto se confirma al recorrer su impactante muestra “Carnavalum II”, compuesta por 40 fotografías en mediano formato que actualmente se muestran sobre las verjas del Parque Independencia y la cual ha sido organizada por el Ministerio de Cultura como justo reconocimiento a su ardua y exitosa trayectoria creadora.
Precisamente, ante estas imágenes, confrontamos y disfrutamos algunos de lo más deslumbrantes efectos del maravilloso y fructífero itinerario creativa que Mariano Hernández despliega en los últimos treinta años, registrando y estudiando la estética plástica y la visualidad identitaria del Carnaval al mismo tiempo que procede a una de las revalorizaciones más reveladoras y significativas del folklore dominicano y la cultura nacional.
Entre las imágenes de comparsas y personajes del Carnaval Dominicano incluidas en esta selección, destacan “Los chinos de Bonao”; “Los chivos de Dajabón”; “Roba la Gallina de Santiago”; “Diablo de Bonao”; “Diablo Metálico de La Vega”; “Lechones pepineros; “Pintaos de Barahona”; “Cachúas de Cabral”; “Diablos Cojuelos de Santo Domingo”; “Negros de La Joya”; “Tifuas de Azua y San Juan de la Maguana”; “Guloyas de San Pedro de Macorís; “Papeluses de Cotuí”; “Taimáscaros de Puerto Plata”; “Tiznaos de Villa Mella”; “Diablo negro de Cotuí”; “Toros de Montecristi” y “El Califé imperial”.
La diversidad de comparsas, personajes, rostros, máscaras, vestuarios, materiales, gestualidades, colores y recursos expresivos, son algunos de los detalles que más atraen la atención de este reconocido artista del lente a la hora de su incomparable celebración de la creatividad y la riqueza plástica características del Carnaval Dominicano. La notable calidad estética y el sugestivo impacto visual de estas imágenes son los principales elementos auspiciadores de la amplia difusión que en los últimos años adquiere esta paradigmática tradición cultural dominicana a través de las exitosas exposiciones de Mariano Hernández en importantes museos, galerías y centros culturales del Caribe, Europa y los Estados Unidos.
Precisamente, sobre la deliciosa taumaturgia estética del Carnaval que se materializa en la aventura íntima y en la mirada alucinatoria de Mariano Hernández, apunta el Dr. Odalis G. Pérez: “No sólo el carnaval, sino el detalle de la forma, la creatura luminosa, el signo de los tiempos. La síntesis y el cuerpo de la “cosa” fotográfica absorbida por la cámara-ojo de Mariano Hernández, aparecen frente al espectador como huellas de lo visible y lo cercano de la cultura insular con sus especificidades identitarias. Los contenidos generados por el ojo del fotógrafo complementan los ejes de la obra en cuyo espacio encontramos los principales núcleos de sentido”…
En síntesis / Mariano Hernández
Mariano Hernández nace en Jimaní, Independencia, el 30 de abril de 1954. A temprana edad se traslada a Puerto Plata. En 1978, es uno de los fundadores de FOTOGRUPO. Realizó estudios de arquitectura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y en la Universidad Central del Este. Ha participado en numerosos talleres y cursos de fotografía, tanto en el país como el extranjero. Realizó estudios especializados en “aplicación de la fotografía artística en las artes gráficas” en San José, Costa Rica. Ha obtenido importantes reconocimientos en el campo de la fotografía artística a nivel nacional e internacional. Es coautor de los libros “Carnaval de Santo Domingo”, con José del Castillo y Manuel García Arévalo; “El Carnaval Dominicano”, junto al reconocido folklorista e investigador Dagoberto Tejeda Ortiz y “MAGIA E IDENTIDAD/Los Bailes Folklóricos en la República Dominicana”, con Dagoberto Tejeda. En 1992, obtiene Diploma y Medalla de Honor en el concurso “V Centenario del Encuentro de las Culturas Europea y Americana”, organizado por la Federación Argentina de Fotografía y la FIAP, Buenos Aires, Argentina. En el 2002 es seleccionado entre los “250 Fotógrafos internacionales de fin de milenio”, Córdoba, España. Sus muestra “CARNAVAL DOMINICANO” se ha presentado exitosamente en el Marcus Garvey Hall, Washington D.C., USA; el Instituto Latinoamericano de Viena, Austria y la embajada dominicana en Roma, Italia. Mariano Hernández es miembro de la Fédération Internationale de l’Art Photographique (FIAP). En el 2018 y 2019 ha sido reconocido por el Ministerio de Cultura atendiendo a sus más de 30 años documentando y difundiendo el Carnaval Dominicano.

tomado de hoy, 2 marzo, 2019 (areito)



28.2.19

De Señal a Señal: “Dos en Uno”


Por: DELIA BLANCO

Exposición de esculturas y fotografías
en Galería de Altos de Chavón
No siempre las ocurrencias artísticas logran nacer propuestas con contenido formal y conceptual. “Dos en Uno” alcanzó este reto, el de asociar la fotografía y la escultura en un propósito de investigación que logra evidenciar la expresión de cada sujeto en su más íntima y confidente manifestación del duende humano que interioriza y que surge mística y misteriosamente cuando evidenciamos ese “yo único y excepcional” que todas y todos llevamos por dentro.
“Dos en Uno” es ese atrevimiento. Una sola persona, hombre y mujer, en dos retratos, uno en fotografía en blanco y negro y otro en escultura de tierra cocida y patinada, ejecutando un busto. Dos procedimientos técnicos con el mismo desafío y la misma tensión de sacar la expresión del “ser”.
El fotógrafo Herminio Alberti y el escultor Mark Lineweaver tuvieron el ímpetu de acercarse a esta idea y crear en ella un resultado visual, plástico y estético con dos facturas artísticas conjugadas en un mismo ánimo: servir la representación del rostro humano, en un retrato, uno en volumen y otro en llano.
El escultor trabajando con un ritmo impuesto por la materia que el artista tiene que domar, sincronizar con la flexibilidad del tiempo que concretizará la tierra en figura humana, e invitará la materia desde su plasticidad húmeda hasta su cocción fijando para siempre la imagen. Ese ritmo lo hemos vivido en el mismo taller del escultor Marc Lineweaver, en presencia del artista del lente Herminio Alberti, quien nos invitó a participar de todo el proceso creativo y meternos desde adentro en la complejidad de cada sujeto.
La fuga del tiempo impone otra tensión al fotógrafo, por ejemplo, el instante, el segundo, la fracción de ese segundo puede caer en un desbordamiento del efecto que desplaza inmediatamente la verdad perseguida. El fotógrafo está bajo la presión del instante, es como decía Roland Barthes “Une question de vie ou de mort” (Un asunto de vida o muerte), o lo captas o lo matas, claro el duende…
Alberti es uno de nuestros fotógrafos de arte más experimentado con la relación del instante, porque su naturaleza y su agudeza le han desarrollado eficiencia y gran coherencia y sobre todo una praxis al servicio de la emoción, con una valoración visual muy justa del mensaje, de una mirada, de una arruga, de una sonrisa, de un secreto que se dibuja en los rostros humanos.
Ambos artistas reunieron un conjunto humano de diferentes generaciones, profesiones y clases sociales en un solo propósito, en el que encontramos a: Leonor Gibb, Mary Pérez de Marranzini, Margarita Copello de Rodríguez, Melba Segura de Grullón, Soledad Álvarez de Vega, José Luis Corripio -Pepín-, Félix García, Gottfried Bruhn, Julio Brache Arzeno, Freddy Ginebra, José Armas y Luis Mejía Oviedo -Luisín-.
Tanto Alberti como Marc Lineweaver supieron transferirse a cada personalidad y llegar a un punto de captación y percepción en la que ellos se reconocen y en la que nosotros el público los identificamos.
El misterio de un retrato artístico se alimenta de esa búsqueda, de ese detalle, de ese secreto o enigma que tiene cada personaje y que lo hace singular y excepcional. En este caso los dos son cazadores del alma que supieron iniciar con religiosidad una complicidad y una incidencia visual entre la persona y el artista.
Desde la perspectiva del análisis crítico los artistas sabían lo que hacían cuando establecieron el día de la inauguración en la Galería de Altos de Chavón, la revelación.
Cada busto, cada retrato estaban cubiertos por un lienzo y metódicamente cada modelo tuvieron que retirarlo para descubrir la obra y descubrirse en un “Yo” reinventado por estos artistas. En el plano científico de la relación del retrato con la representación del “yo” desde finales del siglo XIX, se han logrado muchos aportes, tanto en filosofía como en el psicoanálisis, pues en el fondo se trata de abandonarse a la construcción de una imagen propia traída por la interpretación del otro.
Todos los modelos se descubrieron y todos manifestaron con espíritu lúdico y felices en participar en esta aventura visual que invita hasta el 4 de marzo próximo, a disfrutar de ese duende creativo que suscita un auténtico coloquio formal dialogante entre fotografía y escultura.
A finales del siglo XIX en Europa el retrato fue una obsesión visual, pues científicamente ofrecía la oportunidad de una imagen realista que se sometía a la exigencia de una representación de autenticidad en la figura. Los escultores estaban también llevados por esa pulsión del realismo de los tiempos que incitaba a captar la figura humana sin ninguna libertad de interpretación visual del artista.
Como evolución de los tiempos, pero también evolución de las técnicas “Dos en Uno” ha logrado alcanzar un resultado de contenido visual que llama a una reflexión contemporánea sobre la dimensión de la figura humana. La presencia de esta exhibición permite a los estudiantes de artes plásticas y visuales y a la comunidad artística alimentarse de dos direcciones: la fotografía y la escultura como fuerza expresionista, lo que se pudo lograr por la gran experiencia de Marc Lineweaver como escultor de gran trayectoria y profesor de escultura de varios años en la Escuela de Arte de Altos de Chavón, en total sinergia con el fotógrafo Herminio Alberti, fino conocedor del conjunto de las personalidades modelo y que siendo los dos amigos y cómplices de la imagen pudieron alcanzar cada uno con su medio artístico el duende de cada sujeto y revelarlo en su singularidad.
La noche inaugural de la exposición todos los seleccionados modelos estaban orgullosamente presentes y según llegaban e intercambiaban de inmediato se notaba en sus rostros vivos la satisfacción, la contentura y el niño callado que lucían como si fuese la primera vez que se veían representados, significando el valor que tiene el arte para poder borrar en una noche las fronteras de género y generaciones, de clases sociales y profesionales, y hacer que la obra artística nos humanice cada vez más con el encuentro interior de cada persona. Definitivamente, el arte sigue siendo la vía que nos lleva a la sublimación más profunda.

tomado de hoy,: 23 febrero, 2019 (areito)

27.2.19

CARNAVAL EN EL PARQUE


Por: MARIANNE DE TOLENTINO

MEl carnaval está aquí, con las impresionantes fotografías de Mariano Hernández, artista nuestro que se ha especializado en la escena carnavalesca, dominicana y caribeña.
Las rejas oscuras del parque Independencia se visten hoy de color, de alegría, de magia, y un desfile fascinante de íconos anima el sitial más emblemático de Santo Domingo. Lo han devuelto con las obras de Mariano y gracias al Ministerio de Cultura, al arte público, al arte y al público.
Un recuerdo presente. El parque Independencia es espacio inevitable, abierto, tradicional, patriótico, popular.
Durante algunos años, sus verjas, otrora discutidas en la remodelación del 1976, sirvieron de soporte a paneles fotográficos con un propósito documental y artístico.
Para instalar las fotografías, construyeron, sobre la verja, enmarcados metálicos y un sistema de iluminación. Fue iniciativa especial de la Embajada de Francia, para presentar la célebre exposición “La Tierra vista desde el cielo” del fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand.
Luego, la instalación fue donada por la embajada a la entonces Secretaría de Estado de Cultura. El parque Independencia se convirtió en una magna galería, accesible a todos, todos los días y a todas horas. Cuando finalizaba una muestra, la gente esperaba la próxima. Varias exposiciones provocaron el entusiasmo de incontables visitantes y transeúntes.
Se sucedieron reproducciones de pinturas del Louvre, del Prado y del Vaticano, fotógrafos famosos, hasta gestas históricas dominicanas como la vida de Juan Pablo Duarte y la Revolución del 1965. No obstante, sin explicación institucional, las instalaciones se degradaron, la electricidad falló, la trivialidad imperó, y desapareció lo que hubiera podido ser maravilloso espectáculo, permanente, divertido, educativo, de variaciones infinitas.
Repentinamente, el parque-galería al aire libre resucitó, con intenciones mejores que los resultados. Fue la estupenda e inolvidable exposición de aves, “Alas y colores”, que marcó su renacimiento con un compromiso ecológico y estético.
Ahora, la muestra de Mariano Hernández reanuda propósitos, cualidades y esperanzas.
El carnaval. En el carnaval, el cuerpo entero es un territorio de arte, transformado física y psicológicamente. Se mueve, se detiene, marcha, baila, solo y en grupo, al compás de la música y de ritmos interiores. Se le disponen capas pictóricas, adornos, accesorios, atuendos, vistosos siempre y asombrosos a veces. La metamorfosis corresponde a una tradición secular, enriquecida por la creatividad popular contemporánea.
Así lo expresa Juampa, teórico y figura estelar de la fiesta: “Lo importante es la base creativa, no los lujos que pueda llevar el disfraz. Con cualquier elemento se puede trabajar: botellas vacías de plástico, vainas de acacia que aparecen en la calle…”
Tocados estrambóticos, adornos surrealistas, peinados impactantes, maquillajes sorprendentes transforman a los protagonistas, pero los disfraces siempre realzan sus fisionomías respectivas, perteneciendo a personajes e identidad triunfantes, aunque se han introducido semblantes externos, “formidables” y casi espeluznantes que se van “criollizando”.
Una creatividad exuberante, donde el legado ancestral predomina en gestos y atuendos, ritmos y ritos, reivindica no solamente las raíces africanas, sino una riqueza étnica y estética plural, Así lo muestra la exposición fotográfica de Mariano en el parque Independencia.
Mariano Hernández, maestro –aunque en su modestia le moleste esta calificación–, ha perennizado esta transfiguración asombrosa.
Su lente experto, inagotable, apasionado, los capta admirablemente. Indudablemente especialista en la fotografía de la escena carnavalesca, este género le ha ganado una reputación internacional.
Vemos, en grandes fotos, cómo Mariano se interesa, en sus obras personales –sin un encargo definido–, por formas y formatos de máscaras, tan inesperados como ingeniosos en sus materiales, reales-imaginarios, que pueden ser humildes ingredientes, vueltos deslumbrantes gracias al reciclaje carnavalesco.
Hay que mirar detenidamente cada uno de estos íconos y su hechizo transformador de cáscaras de fruta a gafas de sol, higüeros vueltos metáforas patrióticas, semillas mutando en arborescencias, envases y tapas sublimados en joyas, trapos, papeles y desechos irreconocibles. Y el “papier maché” haciendo maravillas: ¡cuánto admiramos aquel pez en la ventana!
El artista llega más allá de los personajes tradicionales, los reinventa sin jamás traicionarlos, explora y exalta tanto su propio genio fotográfico como el ingenio de los modelos. No dejamos de buscar y encontrar a Juampa, ¡héroe y amigo!
Justo es afirmar que el repertorio visual de Mariano Hernández posee una expresión y una fuerza poderosísimas, coexistiendo concentración y frenesí aunados, hallazgos propios e incontenible sincretismo visual del arte popular –real- maravilloso, surrealista y extravagante aun–. Los cuadros expuestos convierten naturalmente instante y enfoque en resultante estética y deleite perceptivo, sus ritmos causan hasta la ilusión de la música, de la marcha, del baile.
Bravo para Mariano –¡con su nombre basta!–, reportero y documentalista, testigo y creador, que, en el parque Independencia, destaca a ambas personalidades, la suya y la de los actores del carnaval dominicano.


Un compromiso
Auspicio
El Ministerio de Cultura ha auspiciado la muestra de 50 fotografías de Mariano Hernández, esperado reconocimiento a su talento y dedicación.
Instrumentaron este evento la viceministra Edily y el director general de Carnaval, Reyes Moore. Se informó que anualmente presentarían en el parque Independencia una exposición individual de un artista del lente que haya ilustrado en la fotografía el carnaval dominicano.


tomado de hoy, 23-2-2019

7.2.19

El parque Independencia se viste de carnaval

Las fotografías del artista y reportero gráfico Mariano Hernández se exhiben desde este viernes 8 en la verja perimetral de la plaza

Yaniris López

La magia del carnaval dominicano vista a través del lente de Mariano Hernández llega hasta la verja perimetral del parque Independencia a partir de mañana y hasta el 4 de marzo.  El reportero gráfico inaugura a las 6:00 de la tarde “Carnavalum’’, una muestra fotográfica que recoge 30 años de su trabajo capturando la esencia de los personajes y las manifestaciones carnavalescas  de las regiones y del desfile nacional de carnaval.  

Para Mariano, considerado el fotógrafo del carnaval y de las artes visuales dominicanas, se trata de una memoria visual que resume un poco el contenido de su enorme colección. 

Pintaos, diablos, taimáscaros, cachúas, guloyas, tiznaos, negros de la Joya, platanuses y papeluses… todos han posado (o fueron sorprendidos) para el lente de Mariano Hernández.

Raudy Torres en su famoso personaje de robalagallina y el color que solo sabe sacarle a un traje de fantasía el cotuisano Juan Francisco Vásquez (Juampa) son algunos de los personajes emblemáticos presentes en la muestra.
El fotógrafo del carnaval dominicano


Desde mediados de los años 80 y hasta hoy, el reportero gráfico Mariano Hernández ha congelado, en todas las formas imaginables, la esencia del carnaval dominicano.

Su fotografía, ya lo dice el crítico de arte, investigador y ensayista Odalís Pérez, “tiene su propio estatuto antropológico y policromático, textualizado en su mismo encuadre y en sus operantes estéticos”.

“Mediante nexos formales y temáticos, la caribeñidad en sus piezas está asociada a una artisticidad de la luz, el objeto cultural y el orden propiamente visual, siendo estos signos-símbolos una visión preclara de su mundo fotográfico”, escribe Pérez en “La aventura fotográfica de Mariano Hernández”.

PERFIL. Oriundo de Jimaní, provincia Independencia (luego fue a vivir a Puerto Plata), Mariano inició estudios de Arquitectura en la UASD (1971-1976) y los concluyó en la Universidad Central del Este (1983). Miembro fundador de FOTOGRUPO (1977), fue el fotógrafo oficial de los XV Juegos Centroamericanos y del Caribe (1986). Laboró como editor fotográfico de los periódicos Listín Diario y Ultima Hora y es coautor, junto a Dagoberto Tejeda, de los libros El carnaval popular dominicano y Los bailes folclóricos en República Dominicana. Ha participado en decenas de exposiciones individuales y colectivas dentro y fuera de República Dominicana.

                                                                                                                                                                                                                     
tomado de Listin Diario,7-2-2019



1.2.19

4 de febrero




21.1.19

Lenguaje de la imagen


9.12.18

Museo Bellapart


26.11.18

Women


22.11.18

Comunidad fotográfica dominicana celebra el libro Blanco

Kelvin Naar habla de su libro Blanco. Le acompañan Luchy Placencia, Carlos Acero Ruiz y Mayra Johnson.


Con el aplauso y el respaldo de las principales entidades y grupos fotográficos del país y el elogio del maestro Domingo Batista, el multipremiado fotógrafo y arquitecto Kelvin Naar puso en circulación su primer libro de fotografías: Blanco.
Se trata de un conjunto de impresionantes imágenes en blanco y negro que muestra diferentes facetas de la realidad dominicana y de algunos de sus protagonistas.
En la obra, que en opinión de algunos críticos inaugura una nueva etapa en la fotografía dominicana, K Naar (su nombre artístico) aborda la contemporaneidad criolla desde una visión intimista, complementando deslumbrantes imágenes con breves textos de carácter filosófico.

Kelvin Naar dedica una copia de su libro Blanco al también destacado fotógrafo dominicano Juan de los Santos.

21.11.18

Sigue Photoimagen 2018


18.11.18

Blanco








Foto fija


15.11.18

“Confluencias, Paisajes en Movimiento” en Bellas Artes

Por Fernanda Parra 


 La Fundación Imagen 83 a través del  festival Photoimagen 2018 presentó este lunes en su octava edición la exposición fotográfica titulada: “Confluencias, Paisajes en Movimiento”.

Esta muestra reúne a 30 fotógrafos dominicanos, quienes a través de la imagen fija y en movimiento presentan y abordan diversos contextos a partir del eje temático planteado, en la que el mar es el motivo para narrar las distintas historias exhibidas por los artistas.
De forma alterna vemos cómo ellos miran desde el mar a las ciudades y cómo se percibe el mar desde los distintos conglomerados urbanos.

 El evento fue organizado por el director artístico y curador Carlos Acero Ruiz, quien eligió más de cien fotografías que estarán expuesta hasta el 30 de noviembre en la Galería Nacional de Bellas Artes.

Acero Ruiz dijo que en esta exposición los espectadores tendrán que descifrar entre esta diversidad de proposiciones visuales creadas por los artistas en torno al tema del mar, entre las que se distinguen imágenes lúdicas, metafóricas, festivas documentales, poéticas y con mensajes y contenidos ambientalistas.
Manifestó que esta colectiva toma el pulso a la creación fotográfica, así como un vídeo contemporáneo con artistas provenientes de varias generaciones, entre los que se encuentran emergentes confirmados y otros con carreras establecidas por más de tres décadas de trabajo.
Permite reunir a creadores que forman parte diáspora, que residen de forma permanente en Europa, Medio Oriente y en el Continente americano.Los artistas que participan en esta exposición son:  Carolina Bonnelly, Ángel Ricardo Rivera, Gillermo Armenteros, Mary Frances Attías, y Carmen Inés Bencosme.
También están presenten los trabajos de: Vilma Cabrera, Angelita Casals, Lorena Espinoza, Alfredo Esteban, Olivier Flambert, así como Andrés Farías Citrón, Pedro Farías, entre otros.
Obras  expositores
La obra de la fotógrafa dominicana Carolina Bonnelly es una pieza compuesta por 100 fotografías instantáneas, que hace una reflexión personal de las personas que diariamente abordan un avión.
El trabajo fotográfico tiene por nombre “Feeling Blue”, el cual es parte de la colección MIAreflections que inicio en el año 2012.
“Feeling Blue” devela historias como la migración, el sentido de las familias, los destinos, las creencias religiosas y los sentimientos.
Las imágenes fueron tomadas en la ciudad de Miami mientras los aviones despegaban y aterrizan en el aeropuerto.
El trabajo de Bonnelly ha sido expuesto y galardonado por Lomography, Miami International Airport y el Roll Film Week, en Estados Unidos.
Otro expositor que mostró su trabajo artístico fue Ángel Ricardo Rivera, quien expuso una pieza en movimiento de un tronco de un árbol flotando en el mar en medio de la noche, la cual según él, tiene un significado relacionado con el amor y refleja ausencia de la pareja.
La imagen fue tomada en la provincia de Barahona hace aproximadamente ocho meses y en esta ocasión salió por primera vez al público.
Rivera asegura que es una pieza inédita que solo se ha presentado en el país y que la misma es un dúo tono partido en dos, donde hay un tono azul y tono amarrillo, pero el elemento gris de la noche lo desatura totalmente.
Finalmente, indicó que está satisfecho con la fotografía y expresó su pasión por tomar fotografías relacionadas con el mar.
tomado de EL NUEVO DIARIO, miercoles  14 de noviembre, 2018