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12.2.20

Amazonia, naturaleza sublime


Tony Fondeur nos invita casi siempre a viajar por encantos y realidades de
distintos continentes, regiones y países. Sus fotos reflejan la variedad y el esplendor de medios naturales sin la impronta del hombre y su incidencia tan nefasta en el medio ambiente.
Hoy, la visión fotográfica del mundo por Tony Fondeur es un paisaje único, parte de la Amazonia, propuesto de manera extraordinariamente vivaz, tratada como un retrato a dúo, y una de sus mejores exposiciones.
Ligereza de la atmósfera, limpidez de la luz, esmero de la composición, encanto de lo insólito se suman en esta invitación a disfrutar la naturaleza suramericana, majestuosa y sublime, en la Galería Nacional de Bellas Artes.
Agua, arte, ecología. Las imágenes emanan paz, grandeza y armonía. Pero, “subtema” captado conscientemente, la superficie del agua introduce una de las cualidades mayores de la muestra: el arte de los reflejos.
Los encontramos en prácticamente todas las fotografías. Miramos, fascinados, aquel espejo, cual suprema llanura acuática que esconde las palpitaciones de sus peces, o recorrido por leves ondulaciones que le imprimía el barco.
Cabe señalar que el propósito del viaje, compartido por once amigos, era la pesca. ¡Felizmente, Tony Fondeur se dedicó a sacar del agua… su magia fascinante! No es la primera vez que las fotos de Tony parecen “arte de magia”`. Siempre le gusta sorprendernos con la fauna y la flora, la tierra, el agua y el cielo, ¡la vida al fin!
Con su visión de la mayor foresta y “pulmón” del mundo, parcialmente devorada por las llamas y los intereses, él muestra nuevamente su convicción inquebrantable de fotógrafo ecológico, enamorado de la naturaleza, su protección, su conservación, y de los paisajes insólitos.
Es una verdadera exploración –aunque sin riesgos, a partir de un crucero especial y luego de un buen bote–. No solamente, Tony enriquece su vocabulario fotográfico, sino que consigue efectos espectaculares, variando la composición y los espacios.
La magia de los reflejos. Tony Fondeur duplica el bosque en el espejo del agua, haciéndonos sentir su inmensidad, o se concentra en un centro de interés especial y detalles –fijados gracias a un ojo escrutador–, ramas y troncos secos, casi fosilizados, que conforman curiosas simetrías. ¿No hablaba Wifredo García, respecto a la fotografía de paisaje, de “un diseño gráfico de tal fuerza expresiva que baste para satisfacer lo que llevamos en nuestro interior”?
La fotografía, aquí, se convierte en diseño gráfico y en geometría sensible, a la vez en expresión de contrastes y semejanzas. La originalidad y la estética conjugadas singularizan su escritura, guiada por el entusiasmo y la pasión del viajero, por la sabiduría del oficio. Este enfoque ofrece una segunda imagen de la realidad, intensa e inasible, una luminosidad a la vez irradiante y profunda.
En la obra de Tony Fondeur y su captación de la Amazonia, el arte de los reflejos se vuelve casi sobrenatural, y no pocas veces exalta los efectos extremos de ramales y follajes con sus extrañas líneas duplicadas.
Nos alegra que esta exposición, que transmite intensamente tanto la paz como la belleza, pondera nuestro deber impostergable de salvar el planeta y sus tesoros.
El famosísimo fotógrafo Yann Arthus-Bertrand había enfocado la tierra vista del cielo… Ahora Tony Fondeur nos enseña, con la misma entrega, tierra y agua junto al cielo. Reconocemos esta nueva valoración de la naturaleza y del arte fotográfico por un maestro, virtuoso de la cámara, que también se ensaya en el pincel.

tomado de hoy,1-2-2020

23.11.19

Fotografía y video comparten exito
















Por: MARIANNE DE TOLENTINO

La primera edición del Salón Bienal de Fotografía y Video del Centro de la Imagen y la Fundación Imagen 83 sobresale tanto por la cantidad de participantes como por la calidad de las obras, y le augura futuro. Además, la comprobada experiencia y competencia de quienes lo organizan es otro factor considerable.
Sin caer en el encomio, elogiemos la inobjetable labor que cumple un equipo pequeño, encabezado por Carlos Acero y Mayra Johnson. Trabajan arduamente, convocando, organizando, coordinando, y es sintomática la respuesta de participación.
Así como Photoimagen ha contribuido al auge de la fotografía en el público, esta nueva celebración bienal, su “pariente” por quienes la dirigen y auspician, (cor)responde a un entusiasmo generalizado, al apasionamiento digital…
El certamen estableció requisitos mesurados y apertura. En el ánimo de favorecer la máxima libertad de forma y expresión, o sea una creatividad contemporánea, el Salón Bienal permitió integrar la imagen fotográfica dentro de instalaciones y categorías, espacialmente mixtas. Si la iniciativa podía justificarse, los resultados no “calificaron” tanto esta apertura.
Si expresamos un parecer global valorativo acerca de la selección expuesta, las fotografías cuidan encuadre, composición y diseño espacial. Dentro de la diversidad e individualidades, hay concepto y sensibilidad, verdadera reflexión visual cual sea el tema. La técnica y la definición están puestas al servicio de una sensibilidad que vibra prácticamente en cada imagen, primando la autonomía expresiva más que la experimentación. Luego, el reino de la fotografía a color, incontenible, no impide que permanezcan y se distingan los “convencidos” del blanco y negro, bien representado.
Fotografías galardonadas. El éxito del Primer Salón Bienal reside no solamente en el entusiasmo participativo y las obras admitidas, sino en la premiación.
Un primer premio compartido y varias menciones de honor coronaron la Fotografía. El hecho de que el concurso esté abierto a maestros, confirmados y emergentes, fortalece la competencia y su complejidad de percepciones e interpretaciones. Su ubicación en la Galería Nacional de Bellas Artes, con el esmerado montaje de las piezas expuestas, favorece la libertad de circulación y una lectura rica, de revelación a sorpresa.
El mosaico de 16 fotografías, en blanco y negro, de Clara Martínez Thedy, co-ganadora del galardón cimero, causa una singular impresión, por ser la primera vez que una fotógrafa o un fotógrafo dominicano trata sistemáticamente el tema del tatuaje, presentando una secuencia de imágenes, afines y diferentes.
La artista tituló su obra “Emociones en la piel”. Su propuesta aúna la estética –de belleza y técnica indiscutibles– y el documento. Este surge de la curiosidad de la autora por esa práctica creciente de “signos” que pueden extenderse al cuerpo entero, y se devela sin pudor ni restricciones…
Primer premio ex-aequo, ha obtenido Alfredo Moronta por una obra totalmente distinta, espectacular, noble, suntuosa. Plasma una identidad antillana absoluta, desde el entorno y las frutas tentadoras a la heroína del cuadro, doña Esperanza, un ícono de la senectud… Borra el límite con las artes plásticas y la pintura, pero no la estimamos “pictorialismo”, sino homenaje de una fotografía, excelente e hiperrealista, a la historia del arte y a la criollidad.
Las menciones de honor no tuvieron en cuenta la confrontación de itinerarios personales, sino simplemente la multiplicidad de formatos, de temas, de iluminaciones, de hecho fotografías donde la carga emocional equilibra el peso investigativo, donde la ingeniosidad duplica el efecto visual, donde el componente de belleza nunca está ausente.
Solamente falta el premio del público, lógicamente conferido en el cierre de la muestra.
El blanco y negro demuestra, pues, actualidad y calidad, mientras el color puede adoptar contrastes fantásticos o una superposición casi tenue y refinada. Entre las opciones temáticas, el contexto antropológico y geográfico o el compromiso político-social han inspirado menos que la preocupación por una imagen de óptima resolución y equilibrio compositivo. Y, salvo excepciones, la autoría –nos referimos a participantes con una identidad (re)conocida– no fue un elemento sobresaliente..
La imagen en movimiento. El Video contó con una participación relativamente modesta, con dieciséis obras presentadas al público, que se pueden ver continuamente, en dos monitores. Todavía, entre nosotros, se considera una práctica nueva, cuando los pioneros del médium se sitúan en los 60, o sea hace más de medio siglo.
Es una categoría difícil, exigente en tecnología, en argumento u objetivo formal, igualmente en su proceso de construcción.
Los jóvenes lo consideran todavía como un territorio de exploración, y tal vez un sendero hacia el mundo cinematográfico… Dentro de la seriedad imperante, profusión de vistas, repetición de enfoques, duración límite, caracterizaron a varias obras.
Dos premios especiales fueron otorgados, a unanimidad.
Indudablemente, se destaca por su mensaje, su brevedad, su legibilidad perfecta, su poesía dramática, el colectivo Guadalupe Casanovas y Rosemary Quezada, con el video “A Quemarropa”, un verdadero llamado ecológico, vigente sino imprescindible en la actualidad universal de incendios forestales, destructores de vida.
Los trabajos en animación, dotados de varios títulos y producidos por los artistas Tomás Pichardo Espaillat y Omatt F. Suero, recibieron un premio especial, una muestra a dúo en el Centro de la Imagen, en el 2020. Su éxito, entre ritmo, ternura y humor, causa gran alegría, estimulando a jóvenes creadores, y en un género que debe avanzar en nuestro país, al igual que el “comics” o narrativa en imágenes.
El Salón Bienal de Fotografía y Video “ratifica la vitalidad de ambas manifestaciones artísticas en el panorama de las artes visuales dominicanas”, como bien lo señalan sus organizadores. Este encuentro de talentos se ha celebrado felizmente, como se esperaba… Ya se está pensando en la segunda versión, con fe, optimismo y orgullo, gracias a este primer testimonio y sus perspectivas.

tomado de hoy, 23-11-2019

2.3.19

¡Taumaturgia & estética visual del carnaval!


Por: Amable López Meléndez

¡MARIANO HERNANDEZ!
“El dictum fotográfico activa los puntos fuertes de la materia-forma luminosa. El contraste, la mezcla, la identidad memorial que se lee en el “Rostro del tiznao” (1980), “Deja verte el corazón muñecón” (1990), “La reina del fuego” (1993), “Juanpa en la jungla roja” (2012) y “Negro de La Joya” (1996), construyen un universo desde el lente-ojo con valor de fiesta, cuerpo, movimiento y cultura. Este tipo de tratamiento de lo diverso influye y “habla” como obra y espacio en el arte fotográfico de Mariano Hernández, acentuado por los diversos culturemas visuales que conforman la imagen como orden, tiempo, espacio de la luz y el color”… (La aventura fotográfica de Mariano Hernández. Odalis. G. Perez, 2018.)
Escribo su nombre en el buscador de mi PC y de repente la pantalla se ilumina con miles de imágenes de las obras de los grandes artistas dominicanos de ayer y hoy, pues una de las fases más notables de la trayectoria profesional de Mariano Hernández es la que tiene que ver con la reproducción fotográfica de las creaciones de los artistas plásticos y visuales dominicanos, frecuentemente utilizadas por historiadores, instituciones culturales, revistas, periódicos, críticos, curadores, especialistas y artistas con múltiples y distintos propósitos, convirtiéndose en titular absoluto del mayor archivo de imágenes del arte moderno y contemporáneo en Santo Domingo.
Durante las últimas tres décadas, Mariano Hernández se establece como el más consistente fotógrafo del Carnaval Dominicano y como uno de los más destacados investigadores y cronistas visuales de los carnavales del Caribe. Esto se confirma al recorrer su impactante muestra “Carnavalum II”, compuesta por 40 fotografías en mediano formato que actualmente se muestran sobre las verjas del Parque Independencia y la cual ha sido organizada por el Ministerio de Cultura como justo reconocimiento a su ardua y exitosa trayectoria creadora.
Precisamente, ante estas imágenes, confrontamos y disfrutamos algunos de lo más deslumbrantes efectos del maravilloso y fructífero itinerario creativa que Mariano Hernández despliega en los últimos treinta años, registrando y estudiando la estética plástica y la visualidad identitaria del Carnaval al mismo tiempo que procede a una de las revalorizaciones más reveladoras y significativas del folklore dominicano y la cultura nacional.
Entre las imágenes de comparsas y personajes del Carnaval Dominicano incluidas en esta selección, destacan “Los chinos de Bonao”; “Los chivos de Dajabón”; “Roba la Gallina de Santiago”; “Diablo de Bonao”; “Diablo Metálico de La Vega”; “Lechones pepineros; “Pintaos de Barahona”; “Cachúas de Cabral”; “Diablos Cojuelos de Santo Domingo”; “Negros de La Joya”; “Tifuas de Azua y San Juan de la Maguana”; “Guloyas de San Pedro de Macorís; “Papeluses de Cotuí”; “Taimáscaros de Puerto Plata”; “Tiznaos de Villa Mella”; “Diablo negro de Cotuí”; “Toros de Montecristi” y “El Califé imperial”.
La diversidad de comparsas, personajes, rostros, máscaras, vestuarios, materiales, gestualidades, colores y recursos expresivos, son algunos de los detalles que más atraen la atención de este reconocido artista del lente a la hora de su incomparable celebración de la creatividad y la riqueza plástica características del Carnaval Dominicano. La notable calidad estética y el sugestivo impacto visual de estas imágenes son los principales elementos auspiciadores de la amplia difusión que en los últimos años adquiere esta paradigmática tradición cultural dominicana a través de las exitosas exposiciones de Mariano Hernández en importantes museos, galerías y centros culturales del Caribe, Europa y los Estados Unidos.
Precisamente, sobre la deliciosa taumaturgia estética del Carnaval que se materializa en la aventura íntima y en la mirada alucinatoria de Mariano Hernández, apunta el Dr. Odalis G. Pérez: “No sólo el carnaval, sino el detalle de la forma, la creatura luminosa, el signo de los tiempos. La síntesis y el cuerpo de la “cosa” fotográfica absorbida por la cámara-ojo de Mariano Hernández, aparecen frente al espectador como huellas de lo visible y lo cercano de la cultura insular con sus especificidades identitarias. Los contenidos generados por el ojo del fotógrafo complementan los ejes de la obra en cuyo espacio encontramos los principales núcleos de sentido”…
En síntesis / Mariano Hernández
Mariano Hernández nace en Jimaní, Independencia, el 30 de abril de 1954. A temprana edad se traslada a Puerto Plata. En 1978, es uno de los fundadores de FOTOGRUPO. Realizó estudios de arquitectura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y en la Universidad Central del Este. Ha participado en numerosos talleres y cursos de fotografía, tanto en el país como el extranjero. Realizó estudios especializados en “aplicación de la fotografía artística en las artes gráficas” en San José, Costa Rica. Ha obtenido importantes reconocimientos en el campo de la fotografía artística a nivel nacional e internacional. Es coautor de los libros “Carnaval de Santo Domingo”, con José del Castillo y Manuel García Arévalo; “El Carnaval Dominicano”, junto al reconocido folklorista e investigador Dagoberto Tejeda Ortiz y “MAGIA E IDENTIDAD/Los Bailes Folklóricos en la República Dominicana”, con Dagoberto Tejeda. En 1992, obtiene Diploma y Medalla de Honor en el concurso “V Centenario del Encuentro de las Culturas Europea y Americana”, organizado por la Federación Argentina de Fotografía y la FIAP, Buenos Aires, Argentina. En el 2002 es seleccionado entre los “250 Fotógrafos internacionales de fin de milenio”, Córdoba, España. Sus muestra “CARNAVAL DOMINICANO” se ha presentado exitosamente en el Marcus Garvey Hall, Washington D.C., USA; el Instituto Latinoamericano de Viena, Austria y la embajada dominicana en Roma, Italia. Mariano Hernández es miembro de la Fédération Internationale de l’Art Photographique (FIAP). En el 2018 y 2019 ha sido reconocido por el Ministerio de Cultura atendiendo a sus más de 30 años documentando y difundiendo el Carnaval Dominicano.

tomado de hoy, 2 marzo, 2019 (areito)



28.2.19

De Señal a Señal: “Dos en Uno”


Por: DELIA BLANCO

Exposición de esculturas y fotografías
en Galería de Altos de Chavón
No siempre las ocurrencias artísticas logran nacer propuestas con contenido formal y conceptual. “Dos en Uno” alcanzó este reto, el de asociar la fotografía y la escultura en un propósito de investigación que logra evidenciar la expresión de cada sujeto en su más íntima y confidente manifestación del duende humano que interioriza y que surge mística y misteriosamente cuando evidenciamos ese “yo único y excepcional” que todas y todos llevamos por dentro.
“Dos en Uno” es ese atrevimiento. Una sola persona, hombre y mujer, en dos retratos, uno en fotografía en blanco y negro y otro en escultura de tierra cocida y patinada, ejecutando un busto. Dos procedimientos técnicos con el mismo desafío y la misma tensión de sacar la expresión del “ser”.
El fotógrafo Herminio Alberti y el escultor Mark Lineweaver tuvieron el ímpetu de acercarse a esta idea y crear en ella un resultado visual, plástico y estético con dos facturas artísticas conjugadas en un mismo ánimo: servir la representación del rostro humano, en un retrato, uno en volumen y otro en llano.
El escultor trabajando con un ritmo impuesto por la materia que el artista tiene que domar, sincronizar con la flexibilidad del tiempo que concretizará la tierra en figura humana, e invitará la materia desde su plasticidad húmeda hasta su cocción fijando para siempre la imagen. Ese ritmo lo hemos vivido en el mismo taller del escultor Marc Lineweaver, en presencia del artista del lente Herminio Alberti, quien nos invitó a participar de todo el proceso creativo y meternos desde adentro en la complejidad de cada sujeto.
La fuga del tiempo impone otra tensión al fotógrafo, por ejemplo, el instante, el segundo, la fracción de ese segundo puede caer en un desbordamiento del efecto que desplaza inmediatamente la verdad perseguida. El fotógrafo está bajo la presión del instante, es como decía Roland Barthes “Une question de vie ou de mort” (Un asunto de vida o muerte), o lo captas o lo matas, claro el duende…
Alberti es uno de nuestros fotógrafos de arte más experimentado con la relación del instante, porque su naturaleza y su agudeza le han desarrollado eficiencia y gran coherencia y sobre todo una praxis al servicio de la emoción, con una valoración visual muy justa del mensaje, de una mirada, de una arruga, de una sonrisa, de un secreto que se dibuja en los rostros humanos.
Ambos artistas reunieron un conjunto humano de diferentes generaciones, profesiones y clases sociales en un solo propósito, en el que encontramos a: Leonor Gibb, Mary Pérez de Marranzini, Margarita Copello de Rodríguez, Melba Segura de Grullón, Soledad Álvarez de Vega, José Luis Corripio -Pepín-, Félix García, Gottfried Bruhn, Julio Brache Arzeno, Freddy Ginebra, José Armas y Luis Mejía Oviedo -Luisín-.
Tanto Alberti como Marc Lineweaver supieron transferirse a cada personalidad y llegar a un punto de captación y percepción en la que ellos se reconocen y en la que nosotros el público los identificamos.
El misterio de un retrato artístico se alimenta de esa búsqueda, de ese detalle, de ese secreto o enigma que tiene cada personaje y que lo hace singular y excepcional. En este caso los dos son cazadores del alma que supieron iniciar con religiosidad una complicidad y una incidencia visual entre la persona y el artista.
Desde la perspectiva del análisis crítico los artistas sabían lo que hacían cuando establecieron el día de la inauguración en la Galería de Altos de Chavón, la revelación.
Cada busto, cada retrato estaban cubiertos por un lienzo y metódicamente cada modelo tuvieron que retirarlo para descubrir la obra y descubrirse en un “Yo” reinventado por estos artistas. En el plano científico de la relación del retrato con la representación del “yo” desde finales del siglo XIX, se han logrado muchos aportes, tanto en filosofía como en el psicoanálisis, pues en el fondo se trata de abandonarse a la construcción de una imagen propia traída por la interpretación del otro.
Todos los modelos se descubrieron y todos manifestaron con espíritu lúdico y felices en participar en esta aventura visual que invita hasta el 4 de marzo próximo, a disfrutar de ese duende creativo que suscita un auténtico coloquio formal dialogante entre fotografía y escultura.
A finales del siglo XIX en Europa el retrato fue una obsesión visual, pues científicamente ofrecía la oportunidad de una imagen realista que se sometía a la exigencia de una representación de autenticidad en la figura. Los escultores estaban también llevados por esa pulsión del realismo de los tiempos que incitaba a captar la figura humana sin ninguna libertad de interpretación visual del artista.
Como evolución de los tiempos, pero también evolución de las técnicas “Dos en Uno” ha logrado alcanzar un resultado de contenido visual que llama a una reflexión contemporánea sobre la dimensión de la figura humana. La presencia de esta exhibición permite a los estudiantes de artes plásticas y visuales y a la comunidad artística alimentarse de dos direcciones: la fotografía y la escultura como fuerza expresionista, lo que se pudo lograr por la gran experiencia de Marc Lineweaver como escultor de gran trayectoria y profesor de escultura de varios años en la Escuela de Arte de Altos de Chavón, en total sinergia con el fotógrafo Herminio Alberti, fino conocedor del conjunto de las personalidades modelo y que siendo los dos amigos y cómplices de la imagen pudieron alcanzar cada uno con su medio artístico el duende de cada sujeto y revelarlo en su singularidad.
La noche inaugural de la exposición todos los seleccionados modelos estaban orgullosamente presentes y según llegaban e intercambiaban de inmediato se notaba en sus rostros vivos la satisfacción, la contentura y el niño callado que lucían como si fuese la primera vez que se veían representados, significando el valor que tiene el arte para poder borrar en una noche las fronteras de género y generaciones, de clases sociales y profesionales, y hacer que la obra artística nos humanice cada vez más con el encuentro interior de cada persona. Definitivamente, el arte sigue siendo la vía que nos lleva a la sublimación más profunda.

tomado de hoy,: 23 febrero, 2019 (areito)

5.10.10

Mariano Hernández
“Cayenne: carnaval jour/carnaval nuit” es el título de la exposición que este artista del lente expone en la embajada de Francia en Santo Domingo

Escrito por: AMABLE LÓPEZ MELÉNDEZ

Mariano Hernández emerge en el mismo instante en que estalla y se expande el esplendor de la fotografía artística dominicana. El suyo es un caso excepcional, al tratarse de un creador que le ha tocado registrar en imágenes extraordinariamente efectivas y sorprendentes muchos de los instantes más sugestivos y significativos de la contemporaneidad artística dominicana.
Durante las últimas tres décadas, Mariano Hernández ha desarrollado una práctica artística auténtica, persistente, ética, fructífera y definitivamente identitaria, así como una producción fotográfica de valor excepcional, de tal precisión estética y simbólica que lo sitúa entre los máximos exponentes de la visualidad artística dominicana de la actualidad.

Tal como ha señalado el respetado investigador de la cultura dominicana, Dagoberto Tejeda: “Mariano Hernández es un artista visual excepcional. Ha dedicado su lente a la búsqueda de las raíces de los ancestros, de todo lo que signifique la dominicanidad y la identidad nacional. Durante más de 20 años, hemos viajado por todo el país, hemos estado en todos los carnavales de la Republica Dominicana. La fotografía de Mariano, son crónicas, son lecturas, son libros, porque no solo recoge la dimensión de calidad técnica o la dimensión visual, más bien la dimensión humana. Mariano es el descubridor del mundo invisibilizado de la cultura dominicana”…

Por su parte, Jeannette Miller nos advierte: “Mariano es un excelente fotógrafo dominicano. Se ha venido preocupando desde sus inicios por registrar lo que podía representarnos como país. Culturalmente como país, me refiero a su trabajo con el carnaval dominicano. Y no solo dominicano, sino de otras islas del Caribe…Yo diría que su obra tiene tres características que garantizan la calidad de los resultados que él logra: Su manejo de la composición, su trabajo con el color y una excelente iluminación. Lo que nivel formal hace a que sus fotografías tengan un acabado impecable. Pero ante todo con un impacto inmediato en el espectador que ha ganado la posición de uno de los más importantes de finales del siglo XX dominicano”.

Precisamente, en la Embajada de Francia se mantiene abierta la exposición “Cayenne: carnaval jour/carnaval nuit”, compuesta por más de 50 fotografías en las cuales Mariano Hernández nos deja el registro de uno de los carnavales más importantes del Caribe. Dicha muestra es organizada por la “Fundación Imagen 83” y forma parte de “Photoimagen 2010, evento cuyo objetivo principal es “contribuir al impulso y crecimiento del arte fotográfico en el país para fomentar el gusto por la fotografía y apreciación por las bellas artes captadas a través del lente entre todos los integrantes de la sociedad”.

Esta exposición es el resultado de una invitación que en Febrero del 2009 le hiciera al artista la Asociación Dominicana en Cayenne, Guyana Francesa, dirigida por Pedro Ureña Rib. “Ha sido mi pasión el Carnaval y por ese motivo he recorrido varias de las islas del Caribe en vista de hacer una publicación para descubrir las diferencias y similitudes de los carnavales en cada isla y en ese sentido visité la ciudad de Cayenne para ampliar mis archivos fotográficos. El Carnaval de Cayenne se divide en seis días de celebración. Terminan con el miércoles de ceniza. El viernes es el día de los TOLOLO donde los hombres se visten completamente y no se puede distinguir su identidad y van a los clubes donde tienen la potestad de escoger su pareja sin que ella pueda rehusarse”.

“Sábado: es el día de las Touloulous donde las mujeres se visten completamente y no se puede distinguir su identidad y van a los clubes donde tienen la potestad de escoger su pareja sin que este pueda rehusarse. Domingo: es el día de la gran marcha, donde todas las comparsas exhiben sus trajes de gala y donde la creatividad es desbordante. Lunes: es el día de los matrimonios al revés, donde se forma un cortejo nupcial donde el novio es una mujer y la novia es un hombre y así sucesivamente. Martes: se celebra el día del Diablo con un desfile de Mardi Grass, donde todas las comparsas se visten de rojo y los espectadores también. Miércoles: es el último día, donde al final de la noche se quema el rey Vaval y donde las comparsas se forman de las viudas de Vaval y de las lloronas y este día todos se visten de luto, de blanco y negro. Todos simulan la tristeza de la despedida del carnaval”.

En síntesis
MARIANO HERNANDEZ
Nace el 30 de Abril del 1954, en Jimani. A muy temprana edad reside en la ciudad de Puerto Plata. Es miembro fundador (1978) de “FOTOGRUPO”. Pertenece a la “Federación Internacional del Arte Fotográfico” (FIAP), Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (CODAP); Foto Club “ENFOCA” y desde 1977 ha sido fotógrafo artístico del Teatro “Gayumba”. En 1986 fue fotógrafo oficial de los XV Juegos Centroamericanos y del Caribe. En el 1990 se desempeñó como Editor Fotográfico del periódico Listín Diario y Ultima Hora, fotógrafo de modelos para la revista “Arena, Sol y Agua” y la revista “A LA MODA”. Fue Director de Fotografía del Museo de Arte Moderno desde el 1989 hasta el 1998. Realizó sus estudios de arquitectura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (1971-1976) y terminó en la Universidad Central del Este (1981-1983). Las fotografías de Mariano Hernández se han publicado en diferentes periódicos y revistas nacionales e internacionales. Es coautor -junto a Dagoberto Tejeda- del libro “El Carnaval Popular Dominicano” En julio del 2010 fue reconocido por su destacada contribución a la cultura Dominicana, Categoría Fotografía, en el marco del “1er Festival Cultural UNIBE 2010, Arte Interactivo”.

tomado de areito, 2-10-2010

20.9.10

La historia detrás de una imagen

Natali Faxas


LOS PRIMEROS FOTÓGRAFOS DOMINICANOS PATENTADOS, HOY MUESTRAN SUS OBRAS Y QUIENES NO SE CONOCÍAN HAN SALIDO A LA LUZ


Esta es una de las obras mostradas en la exposición. La foto fue tomada por Alfredo Senior La Paz y delata a dos niños frente a una carga de bueyes


Si nos detenemos un segundo a pensar, y damos riendas sueltas a nuestros mejores o peores recuerdos, veremos que están formados de imágenes. Coloridas fotografías han hecho de cada suceso una memoria, los sonidos y las sensaciones se complementan y logran revivir el momento más sutil de la niñez, el primer beso, un desagradable suceso o a una simple sonrisa. ¿Y en cada fotografía? Claro que existe una historia. Solo basta con ver alguna sobre el escritorio y recordar viejos tiempos.
Pero en esta ocasión, se trata de un verdadero recorrido por el arte fotográfico desde sus inicios. El Museo de BellaPart a abierto sus puertas para mostrar más de trescientas imágenes que se encontraban amparadas bajo el patrimonio familiar de sus creadores y ahora, se presentan al publico dominicano. La exposición Registros Iniciales: Los Precursores revela a autores ignorados dentro de la fotografía y artistas que eran reconocidos en otras manifestaciones, hoy se muestran como fotógrafos.
El artista visual Carlos Acero, acompañado de la arquitecta y artista plástica Guadalupe Casasnovas fueron quienes minuciosamente, seleccionaron cada obra.
Estos maestros, críticos del arte han montado un escenario que recorre el transformación de la imagen fotográfica desde hace ya 100 años en nuestro país.
La investigación realizada por estos dos curadores dan con nuevos descubrimientos que antes no estaban registrados.
“Esta exposición permite ver figuras prominentes de nuestra historia; espacios públicos que ya no existen en nuestras ciudades, hasta momentos claves de la intervención norteamericana del 1916… Hablamos de fotografías proveniente de prácticamente, todo el territorio nacional”, explica Acero con relación al valor histórico de la exhibición.
Proceso de selección:La idea de desarrollar un proyecto que mostrara a la luz pública, los precursores de la fotografía dominicana inicia hace dos años. El Archivo General de la Nación en Santo Domingo, El Archivo Histórico en Santiago, la colección de Gilberto Amengual en San Pedro de Macorís y un recorrido por las colecciones privadas de distintos puntos distribuidos en todo el territorio como Santiago, Puerto Plata, Moca, San Francisco de Macorís, San Juan de la Maguana, Barahona y Azua dieron como resultado el descubrimiento de un valorado portafolio de obras.
“Las fotos fueron apareciendo poco a poco, revisando las distintas colecciones privadas que generosamente nos permitieron escoger fotografías acorde con nombres importantes, figuras de reconocidas trayectorias y nombres nuevos que descubrimos con nuestras investigaciones.
Posteriormente fuimos catalogando las fotos de acuerdo a distintas etapas y autores” explica Casasnovas.
“Se han descubierto otros artistas que también eran fotógrafos y que la historia dominicana no los reconocía como tal. La historia de la fotografía tendrá que ser reescrita porque la exposición está revelando nuevos autores, nuevos temas y obras inéditas”, explica Paula Gómez, directora del museo.
Algunos de sus artistas:Abelardo Rodríguez Urdaneta: Pintor, dibujante, escultor y además fotógrafo.
Abelardo fue uno de los grandes precursores del arte dominicano. Su espíritu innovador lo demuestra la composición de desnudos, realizados a finales del siglo XIX, exhibiendo a la fotografía en un marco meramente artístico. Hoy podemos catalogarlo como el padre de la fotografía artística dominicana.
Adriana Billini: En la historia dominicana es conocida como pintora y dibujante.
Ahora con el descubrimiento de su retrato, se tendrá que abrir un espacio y reconocer a esta mujer como la primera fotógrafa de nuestro país.Otros fotógrafos hasta el momento desconocido como tales o muy poco mencionado en los registros fueron Palomba y Porfirio Plata.
El espacio perfecto:Aunque el Museo De Bella- Part nunca había abiertos sus puertas para una exposición fotográfica, siempre se ha inclinado en la conservación de la historia.
Pero en esta ocasión, y confirmando su participación en el festival de fotografía Photoimagen 2010, decide mostrar bajo sus mismas tendencias, la exhibición que rendirá homenaje a los pioneros en este arte y presentará el inicio de esta historia que sigue corriendo.


UN DESAFÍO REALIZADO

Las fotografías muestran un recorrido, desde el inicio de siglo XIX hasta llegar a las composiciones de cuerpos desnudos de Abelardo.
Los retratos familiares dan apertura a la sala. Pero luego vera que los paisajes comienzan a surgir, y como las habilidades crecen con el tiempo de la mano de estos precursores.
“Es un reto y un sueño acariciado durante mucho tiempo. Juntos –Casasnovas y él – nos complementamos de manera armoniosa para presentar el producto que hoy tenemos con esta exposición” comenta Carlos.
El estudio realizado por los curadores Casasnovas y Acero será registrado en un libro que pretende publicar sus descubrimientos a raíz de esta investigación y con ello fortalecer la historia de este arte.

tomado de Listin Diario,17-9-2010

19.7.10

Fausto Ortiz“Horizontes del Silencio”

Escrito por: AMABLE LÓPEZ MELÉNDEZ


La resistencia a la mirada crítica, por más “ligera”, honesta, espontánea y constructiva que sea, se comprueba como penoso estigma del sistema cultural institucional y de la “realidad artística” en el Santo Domingo de las últimas dos décadas. Algunos sostienen que jamás fue diferente y te citan aluviones de anécdotas, entre el absurdo y lo siniestro, relacionadas a los “anales” de otros tantos “virreinatos”, “incumbencias” y gestiones culturales de efímera intolerancia.
Tenemos el caso de importantes instituciones, públicas y privadas, que proclaman su pleno apoyo a la proyección y difusión de nuestras expresiones artísticas y culturales. Mas, desde el ámbito de la crónica cultural, existe la extendida percepción de que aspectos “antiguamente” valorados en la efectiva gestión, tales como la apertura programática, el intercambio fraterno y transdisciplinar, el rigor en la producción, la precisión en el tiempo y en el “proceso” de distribución de la información sobre el mismo “producto” a través de los espacios y medios de comunicación especializados, además de la formación e idoneidad- ética y vocacional- de los recursos humanos “responsables”, se minimizan mediante la performance del desparpajo improvisador y el extravío de la ética misional, ejecutada por desprevenidos “performers” de la frivolidad, amparados en la infeliz justificación de la “falta de tiempo y recursos”.
Ante esta avalancha de la banalidad nadie escapa. Ni siquiera instituciones de primer orden como el Museo Bellapart (que desde la salida de su primera directora, Luisa Auffant, permanece “abiertamente” aislado de importantes sectores de la sociedad, los artistas, la crítica y los “mass media”) o el Centro Cultural de España, cuyos proyectos recientes más significativos se registran en las gestiones de Ana Tome y Ricardo Ramón Jarne. Luego, a partir de las gestiones de Javier Ayguabella y Fernando Rueda-y a pesar de propuestas como las del “Colectivo Quinta Pata” y Polibio Díaz, entre otras de menor importancia, resultan notables los altibajos en la calidad de las exposiciones de artes visuales. De muchas actividades uno se entera cuando ya han finalizado y ni hablar de la calidad de la información divulgadora. Definitivamente, este es un tema bien amplio y complejo…
Sin embargo, hasta el próximo domingo 18 de julio, en sus encalados y medievales muros-Sala María Ugarte-, el CCE mantiene abierta la séptima exhibición individual del laureado artista del lente Fausto Ortiz, titulada “Horizontes del Silencio” y compuesta por un sugestivo cuerpo de obras-extracto de sus series “Exodos” y “Ciudad de Sombras”-, entre fotografías e instalaciones fotográficas, articulando propuestas simbólicas polivalentes cuya singularidad discursiva opera a partir de su depurada resolución técnica y formal, así como desde su efectiva capacidad de provocación de la mirada, el pensamiento, la curiosidad y la motivación del espectador.
Sobre las motivaciones y experiencias personales que lo llevaron a materializar estas dos series de imágenes fotográficas en blanco-negro y a color de inequívoco e inquietante aire fantástico y surreal, Fausto Ortiz reflexiona: “Las personas con las que interactué, entraban y salían delante de mi cámara haciendo referencia a su misma situación de emigrantes. Sombras en la cuidad, todo emigrante ilegal se convierte en eso, en una especie de sombra carente de toda identidad (sin ID), entran y salen dejando una huella de lo que fueron. En todas las ciudades del mundo es el mismo proceso: personas no gratas que son útiles sólo cuando se les necesita y en todos los sitios igualmente explotadas. Siempre que haya una situación de desigualdad o desequilibrio económico tendremos el mismo proceso”...
Con una actitud estética eminentemente lúdica y transgresora ante los medios y formatos “tradicionales” de la fotografía, Fausto Ortiz nos propone un diálogo profundo, desde su búsqueda insaciable a través del dispositivo tecnológico, el silencio y la meditación, en torno a ciertas problemáticas críticas que tocan los contextos geopolíticos y las cartografías espirituales que se entrecruzan y definen en el Caribe contemporáneo, tales como las mitologías neoliberales del progreso, los rituales predatores del poscolonialismo, la condición insular, la migración, los prejuicios identitarios en el imaginario popular, las mutaciones del paisaje social, los terribles efectos de la devastación ecológica, así como las ilusiones colectivas e individuales de redención y prosperidad material.

FAUSTO ORTIZ EN SÍNTESIS

En poco más de una década, Fausto Ortiz (1970) se establece como uno de los fotógrafos dominicanos de mayor actividad, desarrollo y proyección, tanto en el plano local como a nivel internacional. Sus imágenes impactan en exposiciones y eventos contextualizadores como la IX Bienal Internacional de Cuenca, Ecuador (2007); “Infinite Island: Contemporary Art of the Caribbean”, Brooklyn Museum, Nueva York; “Inside and Out”, Cultural Center Of The Inter-American Development Bank; “Object of Power and Devotion”, Museo de Arte de las Américas/OEA, Washington, DC., EE.UU.; “30th International Photofestival Knokke-Heist”,Bélgica; (2008) y la X Bienal de La Habana, Cuba (2009). Entre sus reconocimientos mas importantes destacan: Premio Categoría Libre 1ra Bienal Paleta de Níquel, Museo Candido Bidó, Bonao (2005) y Premio Categoría Blanco y Negro, concurso Abelardo Rodríguez Urdaneta, Fundación Global (Funglode) Santo Domingo (2008). En el 2009, el Museo de Arte Moderno organiza su retrospectiva “Proceso” y su instalación fotográfica titulada “Laberinto” es premiada en la XXV Bienal Nacional de Artes Visuales.

22.6.10

“Fotógrafo en Escena” y gran Artista



Apertura. El Festival Nacional de Teatro abrió con exposición fotográfica

Escrito por: MARIANNE DE TOLENTINO

En el mundo de la cultura se quisiera una mayor vinculación entre las diferentes disciplinas artísticas y que los artistas se acerquen más a la creación de sus pares, de las artes visuales a las de la escena, así como a la literatura y los escritores… y vice versa.
Fue pues de mucho agrado que el Festival Nacional de Teatro, por iniciativa del Ministerio de Cultura, empezase formalmente con una exposición de fotografía, captando momentos de comedias y dramas presentados en Santo Domingo.
Un montaje impecable, claro y armonioso, ha logrado distribuir las imágenes por obras, acompañadas de una breve synopsis: en el Salón de la Rotonda, una hermosa iconografía introduce a la escena y a sus héroes, los comediantes.
Ser fotógrafo de teatro, al igual que para la danza, no es fácil ni simple: hay que conjugar el testimonio fiel del espectáculo teatral y utilizar esta misma expresión para hacer una obra propia que refleje la personalidad artística. ¿Cómo superar el nivel de las fotografías destinadas a la prensa y al público, a la promoción y a la publicidad? ¿Cómo ser al mismo tiempo reportero y artista? ¿Cómo establecer vínculos con autores, directores y actores a partir de la fotografía de sus piezas, puestas en escena e interpretaciones? Mariano Hernández dio la respuesta.
Exposición y Talento. Mariano Hernández –sencillamente Mariano para la mayoría…- ha sabido enfrentar estos retos, lo comprobamos en esta exposición.
El transmite la simbiosis de realidad y ficción que es el teatro, confiere vida a la escena, informa, en distintos planos y distancias, acerca del decorado, de las luces, del juego de los comediantes. Que sea en blanco y negro o a color.
Esta parte, objetiva y técnica, corresponde a su oficio de muchos años, a un dominio especial de la cámara. ¡Mariano Hernández fotografía el Arte a través del arte de la fotografía! Pintura, escultura, instalación, carnaval, creación plástica o popular, no escapan a su lente agil, dejando documentos perennes. Pero él se ha especializado también en la fotografía de la escena, y en su archivo personal se encuentra la memoria de buena parte del teatro dominicano actual.
Mariano sobrepasa el reportaje y la crónica visual. Su sensibilidad y afinidad espontánea permite descubrir formas y volúmenes, espacio y composición, iluminación y matices, en sus armonías y contrastes como si fueran cuadros, aunque sin pictorialismo. Un instante y enfoque del drama se convierte naturalmente en una resultante estética. “La fotografía de teatro debe ser poesía” decía el teatrista Antoine Vitez. Así, muchas fotografías de teatro de Mariano son poéticas, en el sentido de una percepción metafórica, de imágenes bellas, acordes con la obra teatral, de la cual él, como artista, saca recíprocamente la estética de la escena. Citaremos, a modo de ejemplos, a Ubu Rey y Don Quijote, a Miseria y La Mano, a Papi y Orgasmo.
Un Ojo crítico. Todavía hay algo más que debemos valorar: el ojo de Mariano puede tornarse crítico, sino implacable.
Sus fotografías transmiten la calidad de la actuación, de la mímica, del gesto. Del mismo modo que las tomas fijarán al “mal actor”, con su mirada inexpresiva, su gestualidad exagerada o torpe, hasta su tono declamatorio, también ponen de manifiesto el decorado y los accesorios mediocres, o la baja calidad del vestuario. Por el contrario – lo vemos en esta muestra -, él se y nos entusiasma plasmando una magnífica expresión corporal, un rostro apasionado o una mirada vehemente, la ingeniosidad escenográfica o la transformación mágica de los objetos. El fotógrafo mira y juzga, sentencia o premia.
Y la fotografía es. La fotografía es silencio, el teatro palabra. La fotografía es fija, el teatro movimiento.
Mariano Hernández consigue obviar esas diferencias fundamentales en una tercera opción: la creación artística. Y hay algo más muy importante: ¡después de disfrutar estas fotos, queremos seguir disfrutando el Festival Nacional de Teatro… ahora en escena!

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Festival Internacional de Teatro
Bajo la dirección de Karina Noble, el festival se desarrolla en Santo Domingo y Santiago, hasta el 30 de junio, en nueve salas diferentes, alternando obras y compañías. Se dedica a los maestros de la escena, Danilo Taveras y Rafael Villalona.


tomado de hoy, 19-6-2010

10.4.10

Fotofija: el arte de espiar



Exposición. En Bellas Artes se presentarán una serie de fotografías diferentes con un espléndido montaje. La misma se acompañará de visitas guiadas programadas y de la proyección de las películas que corresponden a las fotografías. La colección de obras es autoría de Fernando Calzada

Escrito por: MARIANNE DE TOLENTINO

El año 2010 distingue a Santo Domingo como Capital Cultural Americana con una programación especial desarrollada por el Ministerio de Cultura. En ese contexto, la Galería Nacional de Bellas Artes presenta una colección de obras de Fernando Calzada, cuyo título puede intrigar a los neófitos y, por tanto, crear una primera expectativa: “Fotofija: el arte de espiar”. “Foto fija”, en el vocabulario del cine, se refiere a la fotografía que reproduce un determinado momento del filme y de la filmación.
Su calidad, además del valor estético intrínseco, produce un impacto promocional, ya que fundamentalmente se destina a la publicidad. A través de esa imagen “fija” que inmoviliza la imagen “en movimiento”, interviene la capacidad de aguda observación del fotógrafo. Al acecho, él espía la vida del cine y sus intimidades… Por cierto, “espiar”, en este caso, es un arte, como lo precisa la segunda parte del título de la exposición: “el arte de espiar”.
La exposición. El Salón de la Rotonda, con el atractivo de un montaje impresionante y su auténtica arquitectura interior, invita a la visita. De una pulcritud excepcional, un laberinto perfectamente construido y organizado, a cargo de Luis Isidor y de las técnicas de la Fiart, lleva al espectador por las fotografías de cuatro películas: “La Fiesta del Chivo”, “Cuba libre”, “La ciudad perdida” y “Azúcar”.
Fernando Calzada, fotógrafo español que reside y trabaja en Santo Domingo, pone aquí su talento de artista al servicio del cine, que es tema motivante y tela de fondo. Él explora rostros, cuerpos, objetos, entornos, demostrando una identificación profunda con el medio. Su lente emprende una cacería de imágenes, lo curioso y lo insólito así como de lo cotidiano y lo banal aun, pero cada imagen va a ser fascinante y reveladora.
Esta iconografía apasionada –el término no es exagerado–, a color y en blanco y negro, alcanza un nivel técnico excepcionalmente elevado. Si prefiere, por su naturaleza misma, la observación previa para captar el sujeto, de repente “atrapa” espontáneamente el instante irrepetible –definido por Henri Cartier-Bresson–. Fernando Calzada es un fotógrafo polivalente y magistral.
Él se convierte naturalmente en el testigo de la escena en curso o de los minutos que la preceden. Pensamos especialmente en fotografías de Isabel Rossellini en “La Fiesta del Chivo” y vemos cómo, mientras retocan el maquillaje de la actriz, ella se concentra intensamente en el desdichado personaje de Urania; luego, en otra toma testimonial, creemos oír el clic de la claqueta… El director ordenó la “acción”, ¡el rodaje ha comenzado!

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Dueño del plano
Las fotos de Fernando Calzada se adueñan del plano –sea éste general, medio o cercano– en forma contundente y transmiten su propia visión de la escena –algo fundamental en cuanto al talento fotográfico–, perennizando el lugar, el ambiente, los detalles. El ángulo, el encuadre, los valores de luz y sombra estructuran elementos determinantes para sugerir el clima del motivo original, cuando no el clímax de la secuencia filmada: así ocurre en el enfoque de la revisión de las armas en “La ciudad perdida” con un close-up impresionante, donde se percibe también el ojo implacable de Fernando Calzada. Las obras de este artista del lente comunican, pues, cuánto él dialoga con el ambiente cinematográfico, se asocia a la complejidad del rodaje, al trabajo del director, del actor, de las diferentes funciones del equipo de filmación.
Ahora bien, el gran componente unificador es el hecho de que las filmaciones fueron realizadas en República Dominicana, exteriores e interiores, y que han intervenido en distintos papeles y personajes actores dominicanos a quienes apreciamos en su mayoría. No cabe duda de que este país es un anfitrión excelente para que se traslade su mundo y realidad a otro mundo y otra realidad: las imágenes, la imaginación y la magia del cine. Y como bien dice Arturo Rodríguez-Fernández, respecto a Fernando Calzada: “Hay que contar con un fotógrafo de su talla en todos los rodajes, nacionales e internacionales, que se realizan en República Dominicana”.
Finalmente, cabe recordar la sentencia de Gisela Freund: “El valor intrínseco de la fotografía reside en su poder de despertar emociones”. Nada más cierto aquí… ¡cuántas emociones despierta Fernando Calzada con sus fotos fijas!

tomado de hoy,10-4-2010

22.9.09

De señal a señal

Pinceladas críticas a la Bienal de Artes 09

Escrito por: DELIA BLANCO

En Santo Domingo siempre se ha tenido muy claro la urgente necesidad de que se celebren las Exposiciones Bienales de Arte, siendo la última realizada en el mes de agosto, la XXV Bienal Nacional de Artes Visuales, dedicada al maestro Ramón Oviedo, y que hasta el mes de noviembre cumplirá un extenso calendario de actividades que ejecutan artistas, vocalistas, orquestas, grupos musicales y conferencias de los expertos en la materia, donde exponen sus puntos de vistas, investigaciones, etc., promovidas por la Dirección del Museo de Arte Moderno –MAM- y su patronato.

Es nuestro criterio que las Bienales son, más que un concurso, un estímulo para los artistas que les permite confrontar su competencia y sus valores, con la ventaja de que las obras premiadas y algunas de las aceptadas tienen la oportunidad de quedar en la Galería Permanente del MAM, lo cual permite a los visitantes del Museo disfrutar y hasta hacer su propio inventario de las excelentes obras y la calidad del arte dominicano.

Si partimos de que un arte que no se divulga es un arte inútil, la exposición permanente del Museo permite medir a través de los años el desarrollo o la involución de nuestros artistas, incluidos- casi siempre- los jurados de premiación y selección de las bienales, quienes son los responsables del producto final que se le presenta al gran público.

Esta Bienal, tiene para nosotros un valor muy particular por la presencia de la obra del maestro Ramón Oviedo, que nos ofrece una gran lección de trabajo, creatividad, imaginación y factura.

Dentro de la exposición, en conjunto consideramos que la pintura es lo mejor. Sabemos, gracias a este soporte que en el arte no hay edad, y si hubiese una, solo fuese juventud. Oviedo, es un maestro joven porque investiga, se cuestiona, busca, experimenta y sobretodo, trabaja.
Trabajar, verbo mágico, pues no hay arte sin trabajo, que se lo digan los jóvenes llorones del éxito. Picasso, se levantaba a las cuatro de la mañana; Goya, pasaba noches de insomnio, persiguiendo la idea, y Miquel Barceló, hace horas de estudio y taller , cumpliendo con un jornada como un trabajador feliz.

Pero, mas allá de este regalo y lujo de tener a Ramón Oviedo presente, lo que nos dice que en el país todavía sobreviven y viven artistas con consecuencia y coherencia de generaciones, que siempre se lo tomaron en serio, pues también, debemos confesar que el gran vacío duele y mucho, para los y las que amamos, investigamos o hacemos arte.

Esta Bienal duele por la ausencia de propuestas generadoras de cambios, por atrevimientos que marcan giros en la historia del arte de hoy.

Pascal Meccariello, nítido, serio, formal, salva su generación por la entrega de una obra meticulosa, bien lograda, trabajada con recursos visuales del momento y mucha armonía en la factura. Sin embargo, esperábamos más, mucho más, de un artista que sabemos que puede ir muy lejos.

Nos pareció que a la obra de Meccariello le faltaba espacio, o manejo del espacio.
Pero, pensándolo bien se puede cuestionar su lugar de presencia, que no le da ni evidencia, ni respiración. Hay que tomar en cuenta que una Bienal se debe y merece un montaje incuestionable.

En la fotografía
Fausto Ortíz, confirma excelente entrega con recursos escénicos prudentes y eficientes, en los que el ser urbano gira entre curvas y faroles a través de una noche que nunca se acaba y que lucha con las primeras horas del amanecer.
Diríamos que Ortíz también ha logrado lo mejor de lo expuesto, y lo mejor de la propuesto; estamos frente a una obra perfectamente lograda y trabajada, pero, sin sorpresas, ni asombros.

Y aquí las palabras , estamos frente a una “Bienal sin sorpresas ni asombros”, y ante un arte que no sorprende, más bien se limita y auto censura. Entonces, aquí vamos a diferir de lo hasta hoy pronunciado por mis compañeros, antes de atacar los sistemas administrativos, políticos, y gerenciales del arte en el país, lo que nos debe interesar es el arte mismo, indagar qué ocurre. Particularmente, eso es lo que me preocupa.
Si fuésemos una experta internacional que viene a hacerse una idea del Arte actual en República Dominicana, entonces, mi desencanto fuese inmenso, pues nuestra creación actual, no es lo que muestra la Bienal.

Entonces, aquí hay que cuestionar a “todo el mundo”, primero: al jurado de selección que deja un sentimiento de allanamiento, de parcialidad y de decisiones drásticas en la preselección.
Insistimos, el jurado de selección se debe manejar con una auto exigencia plural, diversa, convergente y divergente, siempre apoyada en decisiones colegiadas.

La eliminación de artistas confirmados de los cuales no vamos a entrar en referencias de personalización o individualización, exigen explicaciones públicas, tan necesarias en el día de hoy, que su discriminación dentro del concurso nos sugieren que se haga en breve tiempo, una exposición de los artistas confirmados rechazados y que dentro de esta colectiva se trabaje con la Asociación Dominicana de Críticos de Arte (ADCA), con los artistas rechazados, y un jurado responsable de selección y revisión de lo que lleva una obra al rechazo…

No entendemos, ni mucho menos aceptamos, la ausencia de tantos artistas, que sabemos han presentado desde nuestro criterio, obras que tienen toda la nobleza y merito para estar presentes en el debate.

Este ejercicio nos interesa sobre manera, por el significado ético y estético que podrá tener en nuestra comunidad artística.
Si no lo hacemos, nos quedamos con la imagen de un jurado de selección que considera poco el sentido de la concertación y de la critica abierta.
Si, hay que someter también los jurados a críticas que les permitan revisarse, y eso los engrandece ante el futuro.

Frente a esto, las mismas premiaciones finales tienen poca consistencia, pues de tanto rechazo, queda un enfrentamiento final empobrecido y limitado.

Esto significa un malestar profundo para los vencedores honestos, claros, dignos y valiosos, pues no es igual venir frente a lo aceptable que a lo desafiante. He aquí, otra razón más que nos lleva lamentablemente a confirmar que a esta Bienal le faltó desafíos artísticos.
Por todo esto, dejemos por un momento de lado los aspectos políticos, que dicho sea de paso, no excuso y se que también juegan un papel preponderante en los resultados, que tendremos que resolver ya con nuevas reglas y exigencias frente a los jurados, pero también, frente a los organizadores en todas sus escalas, que no pueden dejar a su libre albedrío a sus seleccionados jurados.

No queremos concluir, sin tocar sobre la propuesta plástica y visual. Esta Bienal es de las más pobres artísticamente, y con errores fatales de decisión, pues en un país de gran oficio de la pintura, con criterios propios, es difícil consolarse o agarrarse de bufeo y fantasía. A la obra sobre la boda de Omega, le falló el tono…
La pintura no es solo discurso por muy graciosa que sea, y si cae en caricatura de pintura hay que revisarse…

Ahora bien, hay muchos valores que no hicieron el esfuerzo de estar por falta de trabajo y organización, eso es imperdonable. Para criticar y continuar creciendo hay que seguir participando. Muchos y muchas alegan justamente, la falta de confianza en el evento Bienal, y los resultados de esta última, lamentablemente, apoyan las razones de estos valores, pero insisto la lucha debe continuar.

Pero lo es también, la prueba de que si el sistema de jurados de la Bienal no se revisa, la sociedad dominicana plástica y visual, seguirá acumulando dolores y frustraciones que la lleven como ya es visible a una participación totalmente ajena al fuerza del arte de hoy, que desde los maestros como Jaime Colson, Ramón Oviedo, Cándido Bidó, Ada Balcácer, Domingo Liz, Prats Ventós, Paul Giudicelli, Silvano Lora, Soucy Pellerano, etc; no deja de tener el mito artístico internacional con una identidad del arte dominicano de hoy.

La sociedad artística dominicana debe cuestionar y cuestionarse frente a tanto peligro debilitador. Además, se necesita que las nuevas generaciones se reivindiquen con el trabajo y la propuestas desafiantes, provocadoras, cuestionantes, anti conformistas, y sobre todo, a través del trabajo y la creatividad es la única salida.

tomado de areito, 19-9-2009

7.9.09

Cómo Hacer una Crítica Fotográfica

Date una vuelta por los foros de fotografía y te encontrarás a montones de aficionados subiendo sus fotos y esperando los comentarios del resto de foreros (¡saludos, amigos foreros de dZoom ;)!). ¿Por qué lo hacen? Muy sencillo: saben perfectamente que es una excelente manera de aprender y mejorar en fotografía. Pero tanto para el que hace la crítica como para el que la recibe. El que la hace, porque le ayuda a preguntarse qué funciona o no funciona en la foto de su amigo forero y, al final, porque le ayuda a descubrir por qué le gusta lo que le gusta. El que la recibe, porque obtiene montones de consejos sobre aspectos de su foto que no se le habrían ocurrido. Por todo ello, aprender a realizar una crítica fotográfica te puede resultar tremendamente útil. Y por ello, hoy hemos querido darte unas pistas para aprender a mirar una foto con un "ojo crítico".

Leer información completa en :
http://www.dzoom.org.es/noticia-1847.html

cortesía de Fer Figheras, que nos suministró el enlace

2.9.09

¿Polémica, la 25 Bienal Nacional de Artes Visuales?

Evento. Dedicado al maestro Ramón Oviedo y abierto hasta el 15 de noviembre en el Museo de Arte Moderno

Escrito por: MARIANNE DE TOLENTINO

Hay un concepto establecido, plural e indiscutible, de la finalidad de una bienal y de la oficial en particular. Debería ofrecer un diagnóstico de las artes visuales nacionales en la fecha de su celebración y contribuir a definir la orientación artística del país. Las obras premiadas se vuelven patrimoniales y constituyen casi la totalidad de las adquisiciones de la institución.

Más que confirmar los valores seguros, a menudo renuentes en participar, puede ser una fuente de revelación de jóvenes y emergentes.

La evaluación de esos distintos objetivos tiene un balance globalmente negativo en lo concerniente a la 25 Bienal de las Artes Visuales. Además genera el asombro, la tristeza o la indignación –a veces los tres conjugados– en la mayoría de quienes han vivido ediciones anteriores, que guardaban fe en esa vigorosa confrontación de artistas, y la “amaban” como algo muy suyo e indestructible.

Como reacción más común, luego de visitar una y otra vez esta bienal –con excepción de la estupenda sala, cerrada y correctamente aislada, que atesora una muestra del maestro Oviedo–, se ha manifestado el deseo de conocer las obras rechazadas. Sería ciertamente edificante, pero de la misma manera que varios esperpentos admitidos –entre los cuales uno que otro premiado– dejan una impresión deplorable, perjudicando al conjunto y a las obras irreprochables –también las hay–, veríamos cientos de adefesios –según suelen presentarse en los concursos– que volverían más difícil una apreciación de las injusticias y errores de calificación, y arriesgarían dejar una confusa sensación de hastío. ¡Pues no cabe una selección de los rechazados!

Acerca de los resultados. Ahora bien, a pesar de todos los argumentos teorizantes y justificaciones escritas en el documento de los jueces seleccionadores, no se comprenden los criterios –ya no hablamos de las propuestas excluidas– que motivaron la aceptación de varias obras “kitsch” (copia inferior de un estilo existente, o arte pretencioso, pasado de moda o de muy mal gusto), manidas, vulgares, chocantes, técnicamente deficientes o francamente malas, verdaderos atentados al arte dominicano y planetario. Tal vez se quiso complacer a un arte contemporáneo, equivocadamente entendido como anti-arte. O dar una lección a habituales favoritos de las competencias y de la misma bienal, aunque juiciosamente varios se abstuvieron de participar… O sencillamente se careció de opinión crítica. Si nos abstenemos de dar nombres de artistas, es que la responsabilidad no recae en los autores.

¿Cuáles fueron los resultados? La exclusión absoluta de la escultura y de la cerámica, categorías hoy empobrecidas… pero existentes. El castigo de la buena fotografía, pues, con pocas excepciones y una fuera de concurso, las fotos admitidas desmienten la calidad, el florecimiento y el avance de la fotografía dominicana. La discriminación del dibujo –sobre todo– y de la pintura, expresiones cumbres de la creación nacional. La debilidad y la escasez de las instalaciones, lo que probablemente tampoco traduce una tendencia de la actualidad. Sin embargo, y al menos hay una parte positiva, observamos la neta superioridad de vídeos y animaciones, una corriente ya anunciada en la bienal anterior, sin que olvidemos aquello de la “performance”, al fin reconocida y galardonada.

Una selección tan excesivamente reducida y más que desigual, cualitativamente irregular, ponía al jurado de premiación en aprietos: no podía salir indemne, se entiende, pero tampoco sus decisiones redimensionaron la bienal. O imperaron nuevamente la predilección por la disidencia y la abolición sistemática de los cánones generalmente valorados, o no supieron cómo salvar la situación ni reaccionar ante los “modelos” aprobados.

El sorprendente número de menciones honoríficas ha revelado vacilaciones y la crisis del consenso entre desconcertados jueces… lamentablemente el honor no recibe ningún estímulo tangible… ante los generosísimos premios, a menudo sin relación con el nivel de las obras y la producción de los mismos premiados, cuando la tienen.

En este corto artículo pretendíamos no mencionar nombres… sin embargo algunos se nos escapan necesariamente. Una injusticia notoria se cometió con Iris Pérez y su impresionante dibujo. Igualmente se descartó el único gran cuadro abstracto, de Pedro Terreiro

La proeza técnica y conceptual de Limber Vilorio, sencillamente “mencionado”, merecía con creces un premio. El Gran Premio, otorgado al artista admirable Pascal Meccariello, coronó una trayectoria, un esmero, una investigación permanente, más que a este “tríptico críptico”. La obra indudablemente triunfadora en esta bienal es la sobresaliente instalación –premiada por suerte– de Miguel Ramírez, hermosa, radical, conceptuosa, magníficamente trabajada, una pieza contundente que corresponde a una época y sus avatares sociales.

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Cambios futuros

La 25 Bienal Nacional no resultó meramente polémica, como todas las bienales por cierto –las nuestras y las del exterior–: los resultados arrojados están causando una conmoción. No cabe duda de que se imponen cambios múltiples, que los areópagos de la selección y la premiación están en el banquillo de los acusados, que el Comité a cargo de la preparación del evento ha de revisarse, que la próxima Bienal debe y puede reivindicarse.

tomado de hoy,sección vivir,29-8-2009


Balcón crítico

Duras críticas a obras premiadas en Bienal

Escrito por: VLADIMIR VELÁZQUEZ

Parafraseando el título de un popular culebrón y a propósito de la XXV Bienal Nacional de Artes Visuales, puedo afirmar categóricamente que en nuestro país el arte ha tocado fondo, y este último evento inaugurado el pasado 16 de agosto con una paupérrima participación de obras (tanto en cantidad como en calidad), revela de manera fehaciente una insondable crisis la cual es imperativo analizar para indagar todas sus causas y a sus principales responsables, de lo contrario, el artista que se precie de ser honesto deberá buscarse otro oficio más digno, so pena de ser comparado con los políticos profesionales, quienes son vistos por el común de la gente como un conjunto de sinvergüenzas y charlatanes.

Y si he utilizado ese título no es sólo para llamar la atención del lector (creo sinceramente que sin Arte –con mayúsculas- no se puede acceder al Paraíso), sino porque tal como andan las cosas en este mundo light, superficial y globalizado, en donde los símbolos del éxito sólo se miden por poseer una o varias escandalosas cuentas multimillonarias en cualquier paraíso fiscal, o pasar a vivir de un modesto apartamentito en un barrio popular a un lujoso penthouse en la Anacaona, o a jugar golf con los mafiosos de turno, y principalmente, a gozar de los favores carnales de una chica joven de buen ver y bien siliconada de las que tanto farfullan necedades en la tele, se quiere forzar también a las Bellas Artes a lo mismo, esto es, embridarlas al antojo del despropósito y la vulgaridad imperantes, y así justificar los responsables de la presente hecatombe moral y espiritual con aquello que los tiempos son así y hay que tolerarlo todo.

Desgraciadamente en el breve espacio que se nos concede en estas páginas de Areíto no puedo analizar en detalles los lamentables desaciertos de esta bienal (para ello espero ver a los amables lectores en el MAM el próximo 16 de octubre en mi conversatorio titulado: “El rinoceronte de Durero”), pero sí voy a expresar mi profunda consternación y rechazo debido a la decisión de un jurado que si bien está conformado por prestigiosos nombres de la plástica nacional (a los extranjeros ni los conozco), creo sin embargo, que por los medalaganarios fallos emitidos en la selección y premiación no parecen originados por profesionales del área.

En primer lugar, cómo es posible eliminar en la preselección a una cantidad tan elevada de participantes, algunos de ellos hasta ganadores de bienales anteriores y artistas señeros de la plástica nacional por el sólo hecho de esgrimirse en su contra que la obra presentada no poseía innovación en materiales, o que su temática no estaba a tono con la tendencia imperante, o que el concepto no enfocaba la “dominicanidad” como eje central, cuando lo que debe reconocerse siempre como principio absoluto en arte es la calidad y sólo la calidad de la obra. Si por ello fuera, cómo quedaría ante la historia un artista que se mantuvo toda la vida fiel a una sola temática, a un solo recurso técnico y a unos cuantos elementos si lo vamos a valorar de acuerdo a un precepto tan absurdo como el manifestado por las Lolas, los Lalos o quizás por los lelos; prácticamente no existiría. Sin embargo realizó una gran obra y su lugar es trascendente en la historia del arte con todos estos mal llamados defectos: su nombre es “Giorgio Morandi”.

¿Cómo es posible que gente dizque entendida en la materia pueda concederle un premio a una pintura tan aberrante desde cualquier punto de vista (técnico, estético y ético), la cual, además de ser una apología a uno de los colosales antivalores con los que, desgraciadamente, se deshonra el país, y cuyo título: “Omega se casa con mi hermana”, no sólo es un claro mensaje a la juventud para ser permisivos con la violencia de género, sino es un pasaporte al éxito fácil para que los artistas bisoños jamás se empeñen con esfuerzo y talento a alcanzar la excelencia en su trabajo?
Quisiera que me explicasen qué parámetros se tomaron en cuenta para otorgar el Gran Premio a la obra de un artista que ha tenido participaciones más acertadas en otros eventos, y que en esta oportunidad muestra un insípido trabajo carente de cualquier principio compositivo (parece una tela estampada, y para colmo, fea), y cuyos recursos técnicos rayan lo simplón y parvulario (es fundamentalmente un collage cortado con plantillas simétricas con un fondo de aguada), con una simbología que al parecer sólo entiende su propio creador y el jurado de Lolas y Lalos, menos los que no nos hemos quedado lelos.

¿Cómo pasaron por el colador de la selección unas burdas ilustraciones de mujeres pechugonas, la maqueta de un bergantín con un cuadro como telón de fondo, decenas de dibujos y pinturas sumamente deficientes, además de premiarse esperpentos playeros, muñecos multicolores y “multipolares” estampados, un falso pop-kitsch con chicle (de un artista que realmente tiene talento pero que en esta obra no lo demuestra), o el anodino y megalómano -no confundir con melómano- retrato doble a la salida de un concierto (si Joaquín Rodrigo viviera y no hubiese sido invidente como lo fue, exclamaría: ¡No, no, noooo…!)?

¿Por qué obras tan excepcionales como los monumentales grabados de Leonardo Durán: “Ella la que domina I y II”, los excelentes dibujos de Iris Pérez y Lucía Méndez: “Energía humana fuente de paz” y “Cuentos de Bacá”, o las bellísimas fotografías de Alain Bañon Perad: “Children of Tomorrow I, II y II” se quedaron sin premiación? ¿Es que son incapaces para apreciar los valores formales de una buena obra de arte?

Y quizás por un accidente que la XXV Bienal Nacional no haya sido aún más nefasta (aunque lo fue), pues como excepción a las reglas cantinflescas de su cedazo se premió, merecidamente -¡Oh milagro!-, la estupenda instalación de Miguel Ramírez: “Odisea”, que bien pudo ser el máximo galardón de este evento tan pleno, como he dicho, de despropósitos y burlas a la inteligencia por los que el jurado nos quiere tomar por “lelos”.

En síntesis
Mala selección
Según el autor, las obras premiadas y seleccionadas en la XXV Bienal Nacional de Artes Visuales, el evento de arte contemporáneo más importante del país, no son las mejores de las que participaron en el concurso. El autor, compara, evalúa y critica las obras y sostiene que desde hace una década ha venido decayendo el trabajo del jurado de la bienal.


tomado de areito,29-8-2009

18.2.09

ARCO y su reconciliación con la fotografía

Madrid. Eduardo Parra.- Dicen que en tiempos de crisis se agudiza el ingenio. Tal vez sea la crisis (o no), tal vez sea el ingenio (o no), pero lo que está claro tras cruzar los pasillos de la vigésimo octava edición de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo en IFEMA es que, fotográficamente hablando, ARCO, quién te ha visto y quién te ve.
No, no es que hayan llenado las paredes de imágenes de Cartier-Bresson, Richard Avedon o Alberto Korda, no. Pero al menos este año no hay tanta obra insípida como sí la había el año pasado y el anterior y el otro… y sí fotógrafos de primer nivel como Thomas Ruff o Alberto García-Alix.



Este año no hay término medio. Fotografía no hay mucha, y la que hay o es absolutamente espectacular o auténtica carne de la papelera de reciclaje.


Se acabó eso de fotografiar
a un hombre por debajo del kilt
como si sus atributos masculinos
fueran dignos de admiración


Ya no hay creaciones nefastas con veleidades de obra maestra, ni tampoco complejos montajes de burda estética o instantáneas tiradas a matacaballo con un gusto más que cuestionable. Al menos ahora nadie intenta tomarnos el pelo.



Se acabó eso de fotografiar a un hombre por debajo del kilt como si sus atributos masculinos fueran dignos de admiración. Se acabó eso de desenfocarlo todo menos el dedo gordo de un pie como si el mundo girase en torno a él. Se acabó eso de fotografiar las sombras de la comida con una compacta de 3 euros para luego decir que es una reflexión acerca del consumismo.

Así de simple

La clave en 2009 parece ser lo simple. Y es que con esta filosofía libre de artificios con la que nos podemos encontrar con grandes triunfos -como las mujeres guerreras de Ho Meng-Chuan- y con ejercicios que se pasean por el filo de lo absurdo, como los de Regina José Galindo.



Piensan algunos fotógrafos que lo mejor para culminar un buen trabajo es no complicarse. Y del mismo modo que eso puede ser un problema para muchos (acostumbrados a rizar el rizo para vender humo), otros, como Paloma Navares, consiguen dar forma a una sencilla perfección.


Está claro que en esta edición las galerías se han esmerado, y para compensar los fiascos hay magníficas obras fotográficas. He ahí la de In Sook Kim, que con su imagen "Die Auktion" reúne en una sola obra estética, buen gusto, clase, técnica y ojo fotográfico a partes iguales.


Por primera vez en muchos años, aquel chiste entre fotógrafos que dice que "si está desenfocada, no la borres: mándala a Arco" empieza a perder su gracia.


Por fin a alguien se le
encendió la bombilla y ha visto
que la fotografía no es sólo
apretar un botón

Y al final de la tarde, con tres pabellones visitados y bastantes fotos vistas, uno piensa que por fin a alguien se le encendió la bombilla; que la fotografía no es sólo apretar un botón, que también hay reglas, técnicas, estética y que el todo-vale-en-arte es la excusa de los perdedores.

Abandonamos la feria, abierta anteayer, con la esperanza de que esta edición no sea una excepción en el camino, sino un nuevo rumbo a seguir.



Volvemos la vista atrás un segundo y observamos una de las pocas fotos de gusto cuestionable. Thomas Ruff, reza la firma. ¿No era éste uno de los grandes? Hasta el mejor escribano echa un borrón.


Recordamos entonces otro chiste de fotógrafos, frase de cabecera de quien esto escribe: "El arte es la excusa perfecta para una mala fotografía." Ojalá éste también pierda su gracia algún día.

tomado de quesabesde.com

Gracias a Jesús Rodriguez por el link a esta noticia